Los Sacramentos

de la iniciación

 


1) Historia y problemática

2) La reforma del Vaticano II

3) Los distintos rituales

4) Ritual de iniciación de adultos

5) Ritual del bautismo de infantes

6) Ritual de la confirmación

     Bibliografía

     Notas

  (En la imagen, piscina bautismal)

 

1) Historia y su problemática de la iniciación

Hay un consenso general en todas las Iglesias, a lo largo de todos los tiempos, en que la iniciación cristiana es un proceso que culmina en la celebración de los tres sacramentos de la iniciación, que se deben considerar como un proceso unitario: bautismo, confirmación y eucaristía. Sin embargo la manera concreta como estos sacramentos se celebran hoy día se ha visto complicada por dinámicas diversas que se han entrecruzando, siguiendo cada una su propia lógica.

La tersura con la que aparece la celebración de estos sacramentos en la práctica más antigua de la iniciación de adultos, se ha visto luego oscurecida por las complicaciones derivadas de otro tipo de consideraciones, tales como la preponderancia del bautismo de los niños, la exigencia de que la confirmación tuviese como ministro al obispo, determinadas conveniencias pastorales...

 

a) Generalización del bautismo de infantes

La disminución del número de bautismos de adultos, y la proliferación de los bautismos de niños, que llegaron a tener casi la exclusiva, hizo que el bautismo infantes se convirtiese en el caso paradigmático de los sacramentos de iniciación.

En la antigua Iglesia la iniciación de los adultos, en pequeños números, se realizaba en la Iglesia diocesana, donde los presbíteros o diáconos administraban el bautismo en la misma ceremonia en la que el obispo posteriormente imponía las manos a los neófitos, les crismaba y les admitía a la mesa eucarística.

 

b) Dinámicas que inciden en el retraso de la confirmación en Occidente

Con la generalización del bautismo de los niños entraron en juego dos dinámicas nuevas, que iban a afectar profundamente la comprensión y la práctica de los sacramentos de iniciación.

La primera dinámica fue suscitada por la imposibilidad de que la multitud de niños nacidos en el año se bautizasen todos juntos en la Vigilia pascual, o de que el obispo estuviese presente en las múltiples ceremonias bautismales que se iban multiplicando durante el año, no sólo en la catedral, sino en tantas otras localidades.

La segunda dinámica que va a separar el bautismo de infantes de la presencia del obispo es el desarrollo teológico de que los niños muertos sin bautismo no pueden salvarse. Esta creencia, junto con el hecho de la terrible mortalidad infantil de aquellas épocas, forzaba a que los niños nacidos en mayo no pudieran esperar un año entero hasta la próxima vigilia pascual sin bautizarse. Con ello se fue extendiendo la costumbre de que los niños se bautizaran cuanto antes, quam primum, sin esperar ni a la Vigilia pascual ni a la presencia del obispo. Curiosamente en la época anterior a esta disciplina, la Iglesia no mostraba angustia ninguna por la suerte de los catecúmenos muertos durante el largo proceso de su catecumenado, sin embargo ahora al extenderse el bautismo de infantes, la Iglesia pasó a angustiarse por la suerte de los niños muertos antes de bautizar.

Vemos cómo esta doble dinámica –multiplicación del número de bautismos y urgencia en su celebración- fue introducida por otro tipo de consideraciones ajenas a la dinámica interna de la iniciación, pero interfirió profundamente con ella hasta llevar en Occidente a la separación entre bautismo y confirmación.

Porque efectivamente, ante este problema común, Oriente u Occidente van a reaccionar de manera radicalmente diversa, y a buscar una solución diferente a estos desafíos pastorales.

En Oriente primó la consideración de que los sacramentos de la iniciación debían ser celebrados en una única ceremonia. Por eso, al multiplicarse los bautismos de infantes y al hacerse cada vez más urgentes, se autorizó a los presbíteros a celebrar la confirmación juntamente con el bautismo, y a dar la comunión a los niños mojando su lengua con el sanguis.

Por otra parte, Oriente era consciente de la relación privilegiada que la confirmación tenía con el obispo, pero en lugar de exigir su presencia en la celebración, se limitó a exigir que el aceite perfumado que se utilizaba en la crismación tuviese que estar bendecido necesariamente por el obispo. De este modo, a través de los efectos de su bendición sobre el myron o crisma, el obispo se hacía presente de algún modo en la confirmación de todos los niños. Esta unión indisoluble entre bautismo y confirmación hizo que no siempre se tuviese claro en las Iglesias de Oriente que bautismo y confirmación eran dos sacramentos diferentes.

En Occidente, en cambio, primó la consideración de que el único que podía celebrar la confirmación era el obispo, con lo cual, dada la imposibilidad absoluta de que el obispo estuviese presente en todas y cada una de las iniciaciones que tenían que hacerse además con carácter de urgencia, se optó que separar la confirmación del bautismo, y consiguientemente también se separó la Eucaristía del bautismo, ya que era claro que no se podía recibir la Eucaristía sin estar previamente confirmado.

Esta separación temporal de los tres sacramentos de la iniciación en la Iglesia de Occidente fue haciéndose progresivamente más larga, aunque el espacio que mediaba entre bautismo y confirmación fue muy variable en las distintas épocas, o en las distintas regiones de Occidente. Hasta el siglo XX, La práctica más común era que los niños recibiesen la confirmación en la edad de la “discreción”, en torno a los siete años, aunque en muchos lugares se les confirmaba antes, incluso en la más tierna infancia. La admisión a la Eucaristía tenía siempre lugar después de la confirmación, en torno a la edad de los doce años, con lo cual se mantenía el orden tradicional de bautismo-confirmación eucaristía.

 

c) Nueva dinámica que altera  la secuencia de recepción de los tres sacramentos

El retraso de los dos últimos sacramentos de la iniciación hasta una edad en que los niños tenían ya uso de razón, introdujo una nueva dinámica que pasó a ser un factor muy decisivo en la pastoral subsiguiente. Dado que los niños ya tenían uso de razón, la celebración de confirmación y Eucaristía requería un proceso catequético, y una participación activa y consciente semejante a la de los adultos. Con lo cual se introdujo una distinción radical entre el bautismo y los otros dos sacramentos de la iniciación. El bautismo era un sacramento celebrado “inconscientemente” mientras que los otros dos eran sacramentos celebrados “conscientemente”, de una manera adulta o quasi adulta, posteriormente a un proceso catequético.

Simultáneamente la dinámica seguida en las Iglesias orientales de administrar los tres sacramentos simultáneamente a los infantes, llevó a que los tres se administraran “inconscientemente”, y a que la formación catequética tuviera lugar siempre mucho después de la celebración de todos los sacramentos de la iniciación y al margen de ellos.

Volvamos a la Iglesia católica. Un nuevo factor introdujo una nueva dinámica que vino a oscurecer aún más la relación mutua y la secuencia entre los tres sacramentos de la iniciación. El Papa san Pío X introdujo en la Iglesia la nueva costumbre de que los niños recibieran la Eucaristía a una edad más temprana (Quam singulari de 1910), con lo que progresivamente comenzó a celebrarse la Eucaristía antes de la confirmación, lo cual es una aberración para las Iglesias orientales y para muchos liturgistas católicos, pues desfigura totalmente la secuencia tradicional, que considera la participación eucarística el momento final y culminante de todo el proceso. Progresivamente se empezó a recibir la comunión cada vez más tempranamente, y la confirmación cada vez más tarde.

Esta situación despertó una nueva dinámica que acabó ya de oscurecer el proceso de iniciación sacramental. Después del Vaticano II en muchos países, entre ellos en España, se pasó a dar a la confirmación una nueva connotación de sacramento de la adolescencia o del compromiso, y se utilizó pastoralmente para dar colofón a todo el proceso catequético que se veía antes finalizado ya con  la primera comunión a la edad de siete u ocho años. Se trata claramente de una interferencia de las necesidades pastorales con las realidades litúrgicas.

Ofreciendo la confirmación como aliciente y motivación para que los adolescentes se embarcasen en una nueva etapa catequética, se abrió un proceso muy interesante de pastoral de adolescencia, y se convirtió a la confirmación en un rito de paso entre la adolescencia y la juventud, insistiendo mucho en el aspecto del nuevo compromiso asumido por el joven. De este modo la confirmación pasó a considerarse la culminación de todo el proceso de la iniciación cristiana, y la Eucaristía pasó a ser sólo un simple paso en el camino, y no la culminación de todo el proceso.

 

d) Mirada a todo el proceso desde la perspectiva actual

Mirando ahora a todo el proceso con perspectiva, podemos observar curiosamente que el punto de arranque que forzó toda esta evolución en la Iglesia de Occidente ha sido puesto en cuestión. Como hemos visto, la dinámica que nos ha traído hasta la situación actual arrancó de la exigencia occidental de que la confirmación fuese celebrada siempre por el obispo. Esta exigencia vivida y concienciada de un modo absoluto fue lo que dio inició a que la confirmación se celebrase después del bautismo.

Pero curiosamente, al final del proceso, esta exigencia que lo originó, está puesta en cuestión. Hoy día ya no se insiste en la necesidad absoluta de que sea el obispo quien celebre la confirmación. Es más, en el caso del adulto que recibe los sacramentos de la iniciación prima la consideración de que el neófito reciba los tres sacramentos juntos a que tenga que esperar para recibir la confirmación más tarde de manos del obispo. “No se bautice a ningún adulto sin que reciba a continuación del bautismo la confirmación a no ser que obste una causa grave” (RICA 34, 228).

El Ritual de la confirmación establece que el ministro ordinario de la confirmación sigue siendo el Obispo, o el prelado territorial, el abad territorial, el vicario apostólico y el prefecto apostólico, el administrador apostólico y el administrador diocesano dentro de sus respectivos territorios.

Pero el presbítero puede actuar como ministro extraordinario por razón de su oficio, o por mandato del obispo diocesano, en los sacramentos de iniciación de los adultos, los niños en edad catequética, o en la admisión de bautizados a la plena comunión en la Iglesia católica. En peligro de muerte puede administrar la confirmación el párroco o cualquier presbítero. Se sigue aconsejando que sea el obispo quien confirme, pero “si la necesidad lo requiere” puede conceder facultad a un presbítero. E inclusive se contempla la posibilidad de que un presbítero debidamente autorizado pueda él mismo autorizar a otros presbíteros (RICA 7-8).

 

2) La Reforma del Vaticano II

Uno de las grandes reformas litúrgicas del Vaticano II ha tenido que ver con los sacramentos de  la iniciación, tratando de salir al paso de muchas de las dificultades que acabamos de enumerar, aunque no ha conseguido solucionar del todo la confusión que sigue habiendo en todo lo referente a la iniciación de los infantes.

Lo que más destacaríamos es la decisión de restaurar la Iniciación de los adultos, como un proceso diverso del de los niños. La implementación de esta iniciación y sus rituales nos parecen una de las piezas más valiosas de la reforma conciliar. Los rituales de niños y adultos son ahora muy distintos, eliminando las ambigüedades que existían anteriormente, como el hecho de que el ministro hiciese preguntas al niño que obviamente no podía responderlas.

Por otra parte, como también veremos, el postconcilio ha visto una reforma profundísima del rito de la confirmación, que incluye cambios significativos en la parte más esencial del sacramento que es su materia y su forma.

En el caso de los adultos se ha restaurado  plenamente la unidad de los tres sacramentos de iniciación que se celebran ahora en una misma ceremonia, y en la debida secuencia: bautismo-con­firmación-Eucaristía, y después de un largo tiempo de preparación catequética y espiritual

Comenzaremos nuestra exposición a la reforma del Vaticano II a partir de algunos textos conciliares.

Los primeros están tomados de la Sacrosanctum Concilium: “Restáurese el catecumenado de adultos dividido en distintas etapas, cuya práctica dependerá del juicio del ordinario del lugar; de esa manera, el tiempo del catecumenado, establecido para la conveniente instrucción, podrá ser santificado con los sagrados ritos, que se celebrarán en tiempos sucesivos” (SC 64). “Revísense ambos ritos del bautismo de adultos, tanto el simple como el solemne, teniendo en cuanta la restauración del catecumenado, e insértese en el misal romano la Misa propia "In collatione baptismi" (SC 66). “Revísese también el rito de la confirmación, para que aparezca más claramente la íntima relación de este sacramento con toda la iniciación cristiana; por tanto, conviene que la renovación de las promesas del bautismo preceda a la celebración del sacramento. La confirmación puede ser administrada, según las circunstancias, dentro de la Misa. Para el rito fuera de la Misa, prepárese una fórmula que será usada a manera de introducción” (SC 71).

A continuación, daremos un texto de la constitución “Ad Gentes”:“Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias religiosas al catecumenado; que no es una mera exposición de dogmas y preceptos, sino una formación y noviciado convenientemente prolongado de la vida cristiana, en que los discípulos se unen con Cristo su Maestro. Iníciense, pues, los catecúmenos convenientemente en el misterio de la salvación, en el ejercicio de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que han de celebrarse en los tiempos sucesivos, introdúzcanse en la vida de fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios. Libres, después de los Sacramentos de la iniciación cristiana, del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de hijos de adopción y asisten con todo el Pueblo de Dios al memorial de la muerte y de la resurrección del Señor.

Es de desear que la liturgia del tiempo cuaresmal y pascual se restaure, de forma que prepare las almas de los catecúmenos para la celebración del misterio pascual en cuyas solemnidades se regeneran para Cristo por medio del bautismo.

Pero esta iniciación cristiana durante el catecumenado no deben ofrecerla solamente los catequistas y sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, y en modo especial los padrinos, de suerte que sientan los catecúmenos, ya desde el principio, que pertenecen al Pueblo de Dios. Y como la vida de la Iglesia es apostólica, los catecúmenos han de aprender también a cooperar activamente en la evangelización y edificación de la Iglesia con el testimonio de la vida y la profesión de la fe.

Expóngase por fin, claramente, en el nuevo Código, el estado jurídico de los catecúmenos.  Porque ya están vinculados a la Iglesia, ya son de la casa de Cristo y, con frecuencia, ya viven una vida de fe, de esperanza y de caridad” (AG 14).

 

2) Los rituales de los sacramentos de iniciación

Como consecuencia de los deseos expresados en estos textos conciliares, se publicaron los nuevos rituales de Pablo VI.

* El primero de todos fue el Ordo baptismi parvulorum, para los niños, de 15 de mayo de 1969, con una segunda edición y pequeñas variantes en 1973. Este ritual, así como los siguientes, van precedidos por introducciones doctrinales y pastorales. Sobre el bautismo de niños es importante la instrucción de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe “Pastoralis Actio”, de 20 de octubre de 1980 (cf. Enchiridion, p.548-558). Sobre el bautismo de niños hay también una instrucción del Episcopado español de 24 de junio de 1970 (cf. Enchiridion, p.571-589). Nos referiremos a ella como OEE. Esta instrucción suele venir impresa en la edición española del Ritual de bautismo de niños.

* El segundo ritual publicado fue el de la confirmación, Ordo confirmationis, de 22 de agosto de 1971. Este ritual fue precedido por una importantísima constitución apostólica, Divinae consortium de 15 de agosto de 1971, que expone la teología del sacramento de la confirmación. Este documento tiene la máxima categoría dentro de los documentos vaticanos, porque en él se reforma la materia y forma de este sacramento.

* Finalmente, el tercer ritual se publicó el 6 de enero de 1972. Es el Ordo initiationis christianae adultorum, que presenta no sólo la celebración de los tres sacramentos de iniciación, bautismo, confirmación y eucaristía, sino también los ritos del catecumenado que el Vaticano II mandó restaurar. En castellano este Ritual apareció en 1976.

Además de estos tres rituales y documentos complementarios, el CIC habla de los sacramentos de la iniciación en los cánones 849-896; cf. Enchiridion, p. 559-565.

 

 

4) El ritual de iniciación de adultos

 

a) La iniciación de adultos en el Ritual de Pablo VI

Comenzaremos nuestra exposición por el Ritual de la iniciación de los adultos o RICA. Este ritual es una fuente de sugerencias, textos y modelos, más bien que un libro de rúbricas detalladas.  Para los ritos secundarios se ofrecen pistas de celebración, dejando la aplicación concreta a la comunidad local y sus ministros.

Buscamos en este Ritual el paradigma de la plena celebración de los sacramentos de la ini­ciación cristiana. A partir de ahí podrá luego haber adaptaciones o simplificaciones. Pero comenzamos estudiando la liturgia de máximos y no de mínimos. En lugar de tomar como caso típico el sacramento según los mínimos requeridos para su validez, tomaremos como caso paradigmático el sacramento celebrado en su máximo de significatividad. Los rituales hablan en primer lugar de la formación de catecúmenos y bautismo de adultos, y sólo en segundo lugar del bautismo de niños.

Este Ritual contempla distintas maneras de celebrar la iniciación de adultos, según las circunstancias:

a) Forma plena: Ritual del catecumenado distribuido en sus grados o etapas (RICA 68-239).

b) Forma simplificada de la iniciación de un adulto (RICA 240-277).

c) Ritual breve de un adulto en peligro de muerte (RICA 278-294).

d) Preparación para la confirmación y Eucaristía de adultos bautizados en la infancia  que no ha recibido catequesis (RICA 295-305).

e) Ritual de iniciación de los niños en edad catequística (RICA 306-346).

Apéndice: Admisión a la plena comunión con la Iglesia de los ya bautizados válidamente.

Una vez más, para mejor descubrir la naturaleza de la liturgia, nosotros nos fijaremos primero en la forma plena.

 

b) Forma plena de iniciación de adultos, o iniciación por etapas en el RICA

La iniciación por etapas contempla los siguientes tiempos con sus correspondientes ritos propios de cada etapa.  

a) Un primer tiempo de evangelización o precatecumenado

De la evangelización brota la fe  y la conversión inicial. En este tiempo los catequistas deben explicar el evangelio. Para los que se encuentran en esta primera fase, el Ritual usa el nombre de “simpatizantes”. Aunque todavía no crean plenamente, muestran alguna inclinación hacia la fe cristiana. 

 

b) El catecumenado

Para ser admitido al catecumenado se requiere ya una vida espiritual y una disposición para la oración, una primera fe, una conversión y voluntad de cambiar de vida.

* El rito de entrada

Al catecumenado se entra mediante un Rito de entrada. En este rito es conveniente una participación de una comunidad, amigos, familiares, catequistas...  El neocatecúmeno tiene unos padrinos o sponsores, que presentan a la Iglesia a los candidatos avalados por ellos.

El rito de entrada está formado por un diálogo inicial, un posible exorcismo y renuncia a ritos paganos, la signación de la frente y los sentidos, la imposición del nuevo nombre, la introducción en el templo, la celebración de la palabra de Dios, la entrega de los evangelios, y las súplicas por los catecúmenos. Termina con la despedida de los catecúmenos, que salen del templo para ir junto con los catequistas a seguir su instrucción en otro lugar, mientras la comunidad celebra la liturgia de la Eucaristía en el templo.

Después de la celebración del rito, los nombres se inscriben en el libro de los catecúmenos, añadiendo la mención del ministro y los padrinos. 

* El tiempo del catecumenado

A lo largo de esta etapa hay una serie de ritos litúrgicos de exorcismos, bendiciones y unción con el óleo de los catecúmenos y entrega del Símbolo y la oración dominical.

Los primeros exorcismos, o exorcismos menores, están ordenados de modo deprecatorio y positivo, y muestran el carácter de combate que caracteriza a la vida espiritual cristiana. Estos exorcismos, con sus imposiciones de manos respectivas, pueden ser realizados por el presbítero, pero también por el catequista (RICA 109).

Las bendiciones ofrecen ánimo, gozo y paz a quienes todavía carecen de la gracia del sacramento. También pueden ser pronunciadas por el presbítero, diácono o catequista (RICA 119).

Durante los años que dura el catecumenado, se pueden adelantar algunos ritos que de suyo pertenecen a la siguiente etapa, tales como la traditio o entrega del símbolo y el Padrenuestro,  el rito effetá, o la unción con el óleo de los catecúmenos.

Por tanto, las “entregas” del símbolo y la oración dominical pueden hacerse también durante el tiempo del catecumenado en algún momento oportuno, si los catecúmenos parecen maduros. Es deseable que las entregas se hagan en presencia de los fieles, después de la liturgia de la palabra de la Misa ferial, y con lecturas apropiadas.

La unción con el óleo de los catecúmenos también se puede adelantar al tiempo del catecumenado. Debe realizarla el presbítero o el diácono, y se puede repetir varias veces (RICA 128). Tiene lugar en el pecho, o en ambas manos, o en otras partes del cuerpo (RICA 130). El óleo de los catecúmenos puede ser bendecido por el mismo presbítero, si no hay óleo bendecido previamente por el obispo (RICA 131).

Algunas veces durante el año conviene convocar a toda la comunidad.

No hay un tiempo fijo para esta etapa. “Se alargará cuanto sea necesario”

Este período concluye con la decisión de ser bautizado.

Desde este momento conviene que los catecúmenos asistan a la liturgia de la palabra los domingos. Si asisten, pueden ser despedidos formalmente, al término de la Liturgia de la palabra. Pueden ir con sus padrinos a una sala aparte para reflexionar sobre los textos o recibir instrucción.

Si murieran durante el catecumenado, se les deben las exequias cristianas.

 

g) El tiempo de iluminación o purificación

Se suele tener durante el primer domingo de la cuaresma inmediatamente anterior a la Pascua en que van a ser bautizados. 

* El rito de la elección

Con esta ceremonia concluye el catecumenado. Los catecúmenos deben elegir unos nuevos padrinos, que serán los que le acompañen desde ese momento hasta la recepción de los sacramentos. Estos padrinos tienen una parte activa en el rito de elección. El rito de elección preferiblemente es presidido por el obispo.

Comienza con la presentación de los candidatos por el presbítero, diácono o catequista responsable. Sigue el interrogatorio de los candidatos y la petición de éstos. A continuación viene el momento de la elección formal y las súplicas por los elegidos. Termina con la despedida de los elegidos que no pueden todavía participar en la segunda parte de la Eucaristía.

Después de la ceremonia el catecúmeno es inscrito en el libro de los elegidos.

* El tiempo de la iluminación

En este tiempo se celebran los escrutinios de los elegidos o “competentes”. Los escrutinios pretenden purificar el corazón, proteger contra las tentaciones, y mover la voluntad. Van acompañados por los exorcismos cuyo ministro es el sacerdote o el diácono.

Se celebran tres escrutinios, normalmente los domingos tercero, cuarto y quinto de Cuaresma, con los evangelios de la samaritana, del ciego y de Lázaro, en torno a Jesús. Fuente de agua viva, Luz verdadera y Vida para siempre. Los escrutinios se celebran durante la Eucaristía parroquial.

Si no se ha hecho la traditio durante el catecumenado, puede hacerse ahora en estos domingos.

 

d) Celebración de los sacramentos de la iniciación

Es deseable que se tengan en la Vigilia Pascual después de la bendición del agua.

Comienzan con la renuncia a Satanás y la profesión de fe, que son un rito único. Si no se ha hecho antes, puede hacerse ahora la unción con el óleo de los catecúmenos, entre la renuncia y la profesión de fe.

Seguidamente los catecúmenos reciben los sacramentos del bautismo y la confirmación y participan de la Eucaristía. No debería haber separación en la recepción de los tres sacramentos, sino que el sacerdote debería confirmarle y admitirle a la plena participación de la Eucaristía “No se bautice a ningún adulto sin que reciba a continuación del bautismo la confirmación, a no ser que obste una causa grave” (RICA 34, 46,56, 215; CIC 885).

Comienza la liturgia sacramental con la recitación de las letanías y la bendición del agua, según detallamos al estudiar el bautismo de infantes. Siguen las renuncias, el óleo de los catecúmenos (si no se hubiese tenido anteriormente) y la profesión de fe.

Los símbolos de cada sacramento deberían subrayarse lo más posible. Es preferible el bautismo por inmersión, dada su rica simbología. “Tanto el rito de inmersión, que es más apto para significar la Muerte y Resurrección de Cristo, como el rito de infusión, pueden utilizarse con todo derecho (Obser­vaciones generales a la Iniciación cristiana, n. 22). El Ritual deja la opción entre la inmersión y la in­fusión (RICA 18,2; 32), aunque, como hemos visto, muestra una preferencia por la inmersión.

Tras el bautismo con el agua, viene la crismación de la coronilla. Esta crismación se suprime cuando se va a tener inmediatamente después la confirmación (RICA 223). Siempre que se usa el óleo es conveniente que esté en una vasija apropiada donde pueda ser visto. El sistema del algodón impregnado es práctico, pero su significatividad es muy pequeña.

El adulto recién bautizado es revestido de una vestidura digna como puede ser un alba o una capa, y así revestido recibe la vela que encienden los padrinos en el cirio pascual (RICA 226). Esta vela, que será un recordatorio del bautismo para toda la vida, debe ser artística.

Seguidamente viene la confirmación, con la primera imposición de manos, la unción en la frente con el crisma y el saludo de paz.

Terminada la confirmación, se tiene la oración de los fieles, y continúa la Eucaristía en la que el neófito va a recibir la comunión por vez primera. Está muy recomendado que reciba la comunión bajo las dos especies (RICA 234).

 

e) Tiempo de la mistagogia

Durante la Pascua pueden los neófitos participar en una etapa final de instrucción llamada mistagogia, en la que se ilumina la vivencia sacramental que han tenido. En torno a Pentecostés pueden reunirse los neófitos con el obispo para celebrar la Eucaristía. De esa manera son más conscientes de haber entrado en una Iglesia católica, universal, y no meramente en una comunidad local.

 

5) El ritual del bautismo de infantes

Nos referiremos a él en adelante como RBN. Fue el primero de los rituales de iniciación publicados.[i] Se aplica a los “infantes”, es decir a los niños que todavía no pueden hablar ni recibir ningún tipo de instrucción. La reforma litúrgica considera que los niños en edad catequética suponen un caso totalmente diverso del de los infantes, y su iniciación viene asimilada más bien a la de los adultos, y por tanto se trata como un caso especial en el RICA.

a) Variantes

El Ritual contempla cuatro variantes:

* Bautismo de varios niños.

* Bautismo de un solo niño.

* Bautismo de un niño en peligro de muerte, para ser usado tanto por un presbítero, diácono o laico. Contiene una oración de los fieles, la profesión de fe, el bautismo con agua, el rezo del Padre nuestro. Se insiste en que no se debe atender sólo a la validez del sacramento, sino que hay que salvar los valores pastorales (OEE 84). Pero el Ritual indica que in articulo mortis se prescinde de todo, y se limita a uno a derramar el agua sobre la cabeza pronunciando la forma del bautismo

* Recepción en la Iglesia de un niño ya bautizado por el procedimiento de urgencia, Contiene todos los ritos del bautismo excepto el bautismo mismo, que se supone que ya se ha celebrado.

En cada uno de estos casos se contemplan posibles variantes, según que el bautismo tenga lugar en la Vigilia pascual, dentro de la Eucaristía, o fuera de la Eucaristía como ceremonia independiente.[ii]

 

b) Observaciones

El Ritual contiene al principio unas observaciones generales aplicables a la celebración de los sacramentos de la iniciación en todas sus modalidades, y tienen una numeración propia, distinta de la numeración de los Rituales específicos. En estas observaciones generales se habla sobre la dignidad  del bautismo, las funciones en su celebración, los ministros y padrinos, los requisitos para su celebración y las adaptaciones que competen a las Conferencias episcopales, o al propio ministro.

Siguen unas observaciones particulares (con una numeración nueva) sobre el bautismo de niños, su importancia, sus funciones y ministerios, el lugar y tiempo para su celebración, la estructura de los ritos y sus diversas acomodaciones.

Detallaremos algunas de las observaciones más importantes, insistiendo en aquellas que son una novedad propia de la reforma litúrgica.

* Se insiste en la preparación catequética de padres y padrinos.

* Para la elección de padrinos hay normas muy precisas. Pueden ser uno o dos. Si son dos, deben ser de distinto sexo. Es necesario que los padrinos, o al menos uno, sean católicos practicantes, que hayan recibido los tres sacramentos de la iniciación, que tengan al menos dieciséis años.[iii]

* El ministro ordinario del bautismo es cualquier ministro ordenado in sacris, obispo, presbítero o diácono.[iv]

* Se insiste en la participación activa de padres, padrinos y comunidad. Una de las novedades es la presencia de la madre, y el protagonismo que los padres deben tener con respecto a los padrinos. El padrino acompaña a los padres, pero no los suplanta.

* Ya no se urge que el bautismo se tenga que hacer quam primum, dado que la Iglesia ya no teme que un niño se condene o se vaya al limbo si muere prematuramente antes del bautizo. Se valora más la preparación adecuada del sacramento que la urgencia en su celebración.

* Bautizar a un niño ya no es algo que haya que hacer mecánicamente. Sólo tiene sentido si nace en una familia cristiana, o al menos hay una garantía de que vaya a ser educado en la fe de la Iglesia. Por eso, fuera de peligro de muerte, hace falta que al menos uno de los padres consienta en el bautismo de su hijo. El bautismo debe diferirse “si no hay una esperanza fundada de que el niño vaya a ser educado en la religión católica” (RBN 8,3).

* Se insiste en que el lugar idóneo es el templo parroquial y su baptisterio, y el tiempo más indicado es la Vigilia pascual o el domingo. Se suprimen los bautismos en las clínicas, que eran tan corrientes antes de la reforma (OEE 31).

* Se valora mucho que la celebración sea comunitaria. Se exhorta a que no haya celebraciones privilegiadas en familias que quieren que sus hijos se bauticen aparte en una ceremonia “más bonita” y más “exclusiva”, o quizás para evitar mezclarse con los niños de otras clases sociales. Sólo si los niños bautizados pertenecen a una familia insertada en una comunidad de base que comparte su fe y sus celebraciones de una manera habitual, tendría sentido una celebración bautismal especial.

* La reforma contempla que el bautismo sea celebrado dentro de la Eucaristía.

* La reforma ha querido también que siempre haya una liturgia de la palabra, incluso cuando el bautismo se celebra fuera de la Eucaristía.

* La reforma permite que el sacerdote bendiga el agua antes del bautismo, según la instrucción expresa que había hecho el concilio (SC 70).

* Como en toda la liturgia reformada, hay una opción de textos para algunas de las distintas partes de la liturgia, como puede ser la bendición del agua, los exorcismos, las renuncias, los embolismos en la plegaria eucarística...

* El nuevo rito ha suprimido determinadas ficciones del rito anterior. Hoy día ya no se le hacen preguntas directamente al niño, que obviamente no puede responder, sino que las preguntas se les hacen a los padres, a los padrinos, o a la comunidad. 

 

c)  Desarrollo de la liturgia

La celebración del bautismo de infantes comprende  cuatro partes principales:

a) Rito de acogida. Conviene que se tenga a la puerta de la Iglesia, antes de entrar. Consisten en un diálogo con los padres y expresión de intenciones. Con padres más motivados se puede hacer este diálogo de una forma espontánea y personalizada. Seguidamente se hace la signación con la señal de la cruz sobre la frente de los niños. Padres y padrinos hacen la señal de la cruz también, y se puede invitar a otros niños presentes a que la hagan también.

Seguidamente se tiene la procesión de entrada. Todos en procesión y cantando entran en el templo y van al lugar donde se va a celebrar la liturgia de la palabra. Si el bautismo se celebra dentro de la Eucaristía esta procesión suple al acto penitencial, que ya no se tiene, y se pasa directamente al Gloria y/o oración colecta. 

b) Liturgia de la palabra. Se tiene normalmente, como en se suele tener en la Eucaristía, también cuando el rito no se celebra dentro de la Eucaristía. Se pueden utilizar una o varias lecturas y salmos interleccionales, tomados todos ellos del leccionario del bautismo. Si el bautizo se celebra dentro de la Eucaristía dominical, se toman las lecturas del domingo o en algunos casos del leccionario especial para el bautismo (RBN 29). En el caso de la Eucaristía ferial, se toman las lecturas del leccionario del Bautismo (RBN 30). A esta liturgia de la palabra no hace falta que asistan los niños, que pueden ser retirados a un lugar aparte durante su celebración, sobre todo si son muchos y berrean.

La liturgia de la palabra concluye con la homilía y la oración universal, a la que se juntan las letanías de los santos. A las invocaciones de los santos se pueden añadir los nombres de los niños bautizados, o de los santos a quienes se tiene una especial devoción en aquel lugar, o en aquella familia.

 

g) Celebración del sacramento. Seguidamente vienen la celebración del bautismo.

* Preparación próxima

1.-  La oración del exorcismo con las manos extendidas sobre los niños.

2.-  La unción con el aceite de los catecúmenos, que es optativa. Cada ministro puede decidir tenerla u omitirla por razones pastorales (OEE 120). Esta unción se hace en el pecho. Recuerda la unción que recibían los atletas y alude al carácter de combate que tiene la vida cristiana. Este óleo puede ser bendecido por el propio ministro si es presbítero (RICA 131).

3.- La procesión al baptisterio o lugar del bautismo, si la fuente no está cerca.

4.- La bendición del agua: Como hemos dicho, ya no es obligatorio usar agua bendecida previamente en la Vigilia pascual, aunque conviene que ésta se use durante el tiempo de pascua. El ministro puede bendecir él mismo el agua, según una de las fórmulas. En caso de utilizar agua previamente bendecida, se dice siempre una oración de acción de gracias sobre el agua (OEE 124 ). Durante la bendición del agua el ministro toca el agua en el momento en que pide que el poder del Espíritu Santo descienda sobre ella.

5.- La renuncia a Satanás, según alguna de sus fórmulas; la profesión de fe hecha por cada familia por separado, o por todos juntos a la vez. 

* Rito de ablución

Es el bautismo propiamente dicho, sea por inmersión o por infusión.  Tras la manifestación de la voluntad de sus padres, el ministro procede a bautizar a un niño sea por infusión o por inmersión. Las palabras de la forma bautismal: Son:  N.N. Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Las tres infusiones o las tres inmersiones se hacen mientras se pronuncian los nombres de las tres divinas personas. Las palabras de la forma bautismal: Son: N.N. Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Los padres deben ser normalmente quienes sostienen al niño durante la efusión del agua, y los padrinos pueden poner la mano sobre el niño. En el caso del bautismo por inmersión, son los padres los que sacan al niño de la pila.

Terminado el bautismo del primer niño, el sacerdote llama a la segunda familia, les pregunta sobre su intención y procede a bautizar al segundo niño, y así sucesivamente

Tras el bautismo puede hacerse una aclamación del pueblo, con un breve canto, un aleluya, y/o un aplauso. 

* Ritos complementarios:

-Concluido el bautismo de todos los niños, se procede a su unción con el crisma. La crismación se hace sobre la coronilla y tiene como sentido la incorporación a Cristo que es sacerdote, profeta y rey. Si hay muchos bautizandos, pueden ungirlos simultáneamente varios ministros

-Seguidamente se impone a cada niño el vestido blanco. El ideal es que los niños no traigan ya puesto desde casa el vestido “bonito”, sino que lo reciban en este momento, después de haber sido bautizados. Si el bautismo es por inmersión, los niños pueden venir de casa envueltos en una toalla, o con un vestido muy sencillo y fácil de quitar. Sólo después del bautizo se les pone el vestido más elegante.

-En este momento se puede añadir el rito del “Effetá”. Tocando con el dedo pulgar los oídos y boca de cada niño y pronunciando la fórmula ritual. El “Effetá” no es un rito obligatorio.

-Procesión de regreso al altar desde el baptisterio. 

d) Conclusión del rito

* Si el bautismo no se celebra dentro de la Eucaristía, se concluye el rito con la recitación del Padrenuestro, y las tres bendiciones especiales para el padre, la madre y todos los fieles. Conviene que padre y madre estén sosteniendo el niño cuando recibe la bendición cada uno de ellos por separado. Al final de todo se puede llevar al niño al altar de la Virgen y cantar la Salve o el Magnificat.

* Si el bautizo se celebra dentro de la Eucaristía, se continúa la Misa después de la procesión de regreso al altar. Si la fiesta del día no lo impide, se pueden utilizar los textos de la Misa ritual del bautismo, y añadir el embolismo a la plegaria eucarística. No se recita el Credo, aunque sea domingo, porque ya se ha hecho la profesión de fe. Se puede invitar especialmente a los padres a recibir la comunión bajo las dos especies. Inmediatamente antes de la bendición final de la Misa, se tienen las tres bendiciones especiales de las que acabamos de hablar, y al final se puede también llevar al niño al altar de la Virgen.

 

6) El ritual de la confirmación

 

a) Naturaleza de la confirmación

El ritual de la confirmación fue publicado el 22 de agosto de 1971 (cf. Enchiridion, p. 490-495). Habla simultáneamente de la confirmación de adultos y niños en edad catequética, que tiene lugar inmediatamente después del bautismo, y habla también de la confirmación de los que se bautizaron cuando niños.

En el caso de los adultos y de los niños no bautizados en edad catequética, la confirmación se recibe inmediatamente después del bautismo, e inmediatamente antes de la participación en la Eucaristía (RC 11).

Como ya nos hemos referido a la confirmación en estos casos, nos centraremos ahora en la confirmación de los que se bautizaron de niños. Éstos reciben normalmente la confirmación en la adolescencia, después de un tiempo de catecumenado específico.

La norma en el Ritual de la confirmación de Pablo VI es la siguiente: “Por lo que se refiere a los niños, en la Iglesia latina la confirmación suele diferirse hasta alrededor de los siete años. No obstante, si existen razones pastorales, especialmente si se quiere inculcar con más fuerza en los fieles su plena adhesión a Cristo, el Señor, y la necesidad de dar testimonio de él, las Conferencias episcopales pueden determinar una edad más idónea, de tal modo que el sacramento se confiera cuando los niños son ya algo mayores y han recibido una conveniente formación” (RC 11).

Los orígenes de la confirmación no son tan claros como los del bautismo. Los textos bíblicos aluden a varios momentos en la iniciación de los creyentes, pero no siempre es posible discernir con exactitud a cuál de los sacramentos actuales se refieren. En algunos casos, como el de Cornelio, oímos hablar de una efusión del Espíritu Santo que precede al bautismo con agua (Hch 10,44-48); en otros casos oímos hablar de un bautismo con agua que precede a una efusión del Espíritu Santo por la imposición de las manos de los apóstoles (Hch 8,14-17; 19,1-7). La donación del Espíritu a los creyentes se relaciona con el descenso del Espíritu sobre Jesús en su bautismo, y la donación del Espíritu a los apóstoles el domingo de Pascua (Jn 20,22) y en Pentecostés (Hch 2,4).

En cuanto a la forma de realizarse esta donación del Espíritu, los textos bíblicos se refieren a la imposición de manos, pero no hablan de ninguna crismación a este respecto. Todo lo más hay referencias metafóricas a la donación del Espíritu como unción, cuando se nos dice que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo (Lc 4,18; Hch 10,38). Sabemos también que en el Oriente tras el baño se solía hacer una unción del cuerpo con aceite perfumado (Ez 16,4.9).

Otro gesto al que aluden los textos bíblicos es el del “sello”, en referencia a Ef. 1,13: “Habéis sido sellados con el sello del Espíritu Santo prometido”. La signación que se hace hoy día con el crisma sobre la frente, quiere simbolizar este carácter de sello que tiene el Espíritu Santo que se recibe en la confirmación.

Desde el principio podemos ya ver en la Tradición apostólica de Hipólito (cap. 21) la referencia a dos momentos claves en la iniciación, que aparecen más netamente separados en el Occidente que en el Oriente. El Occidente siempre los ha considerado dos sacramentos separados, y así se ha podido hablar del número siete. En cambio el Oriente ha empezado a hablar de los “siete” sacramentos mucho más tarde.

Desde el principio se ha asociado la confirmación con el ministerio del obispo. En el Oriente, porque el crisma o myron tenía necesariamente que ser bendecido por el obispo; en el Occidente porque además el ministro de la confirmación era siempre el obispo.

Ya hemos contado cómo se fue separando en Occidente la celebración de la confirmación de la del bautismo. Esto ha llevado a pretender dar a la confirmación el carácter de “confirmación de un compromiso más maduro”, como si fuese la culminación del proceso catecumenal. El gran espe­cialista B. Botte arremete contra esta explicación y dice que la teoría de la confirmación como sacramento de la adolescencia o del compromiso no se basa en la teología del sacramento ni en la historia de su administración, sino sólo en la psicología o sociología.

La Instrucción de la Conferencia episcopal española insiste en que hay que considerar la confirmación  “como parte integrante de la iniciación cristiana y no como un suplemento facultativo; considerarla como un don de Dios que perfecciona al cristiano y al apóstol, sin reducirla a una nueva profesión de fe o a un compromiso más grande que podrían encontrar lugar en diversas etapas de la vida; sobre todo hay que evitar el reservarla para una élite”.[v]

Una Nota del episcopado español de 1991, insiste en que el sacramento ha de entenderse como don gratuito de Dios, sin reducirlo a una simple ratificación personal del bautismo recibido y de la fe y compromisos bautismales (Enchiridion p. 1452).

Dice Smolarski que en muchos lugares la confirmación se ha convertido en una especie de ceremonia de graduación escolar, que señala no sólo el fin de la catequesis, sino en muchos casos el fin de la práctica de los sacramentos. Para los adolescentes es en muchos casos una iniciación a salir de la Iglesia, más bien que a entrar en ella.

Los sacramentos no son premios que se conceden al acabar bien un programa de formación o de acción social. Además la praxis actual, exige como requisito de la confirmación una serie de méritos que deberían ser más bien el fruto de la misma confirmación.

La praxis actual lleva al “monstrum liturgicum” de que la Eucaristía se reciba antes de la confirmación. Algunos para evitarlo, querrían distinguir entre una Eucaristía recibida por los niños en la primera comunión, y un rito eucarístico más pleno que marcaría el final de su iniciación cristiana. Pero no se entiende muy bien qué diferencia hay entre una y otra Eucaristía.

Además la praxis actual es paradójica. Los niños que reciben el bautismo en la edad catequética  se confirman el mismo día de ser bautizados, a los nueve o diez años. En cambio los que se bautizaron de infantes tienen que esperar catorce o quince años para recibir la confirmación.

Muchos liturgistas piensan que no se debe utilizar el sacramento de la confirmación para llenar una laguna en la pastoral juvenil. En algunos lugares se recibe la confirmación con motivo de la primera comunión a una edad más temprana.

Otro de los tristes resultados de la separación entre bautismo y confirmación, es que una parte considerable de los católicos no alcanzan a completar nunca su iniciación cristiana y mueren sin confirmar. La Iglesia está insistiendo mucho en la necesidad de que los cristianos mueran confirmados, y por eso dice que hasta los niños pequeños, en caso de peligro de muerte, deben recibir el sacramento de la confirmación (RC 10).

 

b) El rito de la confirmación 

a) Observaciones

* La acción sagrada tiene que ser festiva y solemne, con asistencia de las familias y los fieles.

* Para la confirmación se tiene un padrino o una madrina, que es conveniente que fuese el mismo del bautismo si está presente.

*La confirmación se tiene normalmente dentro de la Eucaristía, para manifestar la unión entre ambos sacramentos (SC 71). Los confirmados participan de la Eucaristía de un modo más pleno, y conviene que reciban la comunión bajo las dos especies. Es conveniente que el ministro de la confirmación sea quien preside la Misa.

 

b) El rito de la confirmación

* Tras la lectura del evangelio, se tiene la presentación de los que van a ser confirmados.  Tras las palabras del que presenta a los confirmandos al obispo, uno de los confirmandos podría explicitar en nombre de todos lo que significa ese sacramento para todos ellos.

* Homilía. El obispo dirige unas palabras a los confirmandos explicando la naturaleza del sacramento y exhortando a una recepción más plena y motivada.

* Renovación de las promesas del bautismo y la profesión de fe. En el Ritual hay varios formularios para que los confirmandos puedan renovar las promesas. A la exclamación final de que “Esta es nuestra fe, la fe de la Iglesia”, toda la asamblea responde: Amén.

* El obispo invoca a Dios pidiendo que haga descender el Espíritu Santo sobre los confirmandos, y después impone sus dos manos sobre la cabeza de cada uno en silencio. Si el confirmado es un solo, el ministro recita la oración mientras tiene impuestas las manos.

* A continuación tiene lugar el rito central, que es la imposición del crisma sobre la frente del confirmando en forma de cruz, con las palabras “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. El confirmado responde: Amén. Durante este tiempo, el padrino o madrina, tiene su mano puesta sobre el hombro del confirmando.

* Tras la signación, el obispo saluda al confirmado y le desea la paz.

* Después de la confirmación se tiene la oración de los fieles, sin recitar ya el credo y se prosigue con el resto de la Eucaristía.

 

Bibliografía sobre Iniciación cristiana y sus sacramentos

 

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  Notas


[i] 1ª edición de 1969, y 2ª edición de 1973). Para la edición española nos referiremos a OEE, orientaciones del episcopado español

[ii] Las distintas adaptaciones pueden encontrarse en los nn. 78-81 del Ritual de bautismo de niños.

[iii] Observaciones generales, nº 10.

[iv] Observaciones generales, nº 11.

[v] Documento de la LXX Asamblea plenaria, n.56, Enchiridion p. 1559.

 

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