CRISTO EN LOS SALMOS


 

 

A. Cristo el protagonista

 

B. Cristo el cantor

 

C. Salmos dirigidos a Cristo

 

D. Otros sentidos

 

 

 

Si examinamos estadísticamente las citas de los salmos en los escritos del Nuevo Testamento, nos llevaremos una sorpresa. En la edición de Nestlé en griego hay una lista de pasajes en letra bastardilla que son citas del Antiguo Testamento. Esta lista muestra que el NT contiene 224 citas distintas de 103 Salmos, y contando los mismos pasajes repetidos en diversos lugares, el total de citas de los Salmos en el NT es 280. Unas 50 tratan sobre los sufrimientos, la resurrección y la ascensión de Cristo.

 

A. CRISTO EL PROTAGONISTA DE LOS SALMOS

Jesús mismo declaró a los judíos: “Vosotros escrutáis las Escrituras... Pues bien, son ellas las que dan testimonio de mí" (Jn 5,39). Después de su resurrección dijo a sus discípulos: “Estas son las palabras que os he hablado mientras estaba todavía con vosotros. Es necesario que se cumpla todos lo que está escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos " (Lc 24,44).

Durante una de sus discusiones con los fariseos, Jesús les dio una verdadera lección de exégesis mesiánica de los salmos, citando uno de los textos más típicos. “Estando reunidos los fariseos, Jesús les hizo esta pregunta: ‘¿Qué pensáis sobre el Mesías? ¿De quién es Hijo?’ Le respondieron: ‘De David’. Respondió: ‘¿Cómo pues, David hablando inspiradamente le llama su Señor en el texto: ‘Dijo el Señor a mi Señor: ‘Siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de mis pies?” (Sal 110,1). Si David le llama Señor, ¿cómo puede ser su hijo?" (Mt 22,41-45).

En los Salmos encontramos dos figuras mesiánicas, la del rey conquistador y liberador, y la del Mesías sufriente. En los salmos 13, 22, 55 o 102 encontramos el Mesías sufriente, mientras que en los salmos 2, 45 o 72, encontramos el Rey conquistador.

En aquella época se identificaba al servidor sufriente con la nación entera, con Israel. El Rey era ante todo el sucesor de David, el Mesías. Nuestro Señor se identificó a sí mismo con ambos personajes.

El Nuevo Testamento de hecho expone toda la historia de salvación a la luz de los salmos. Cristo fue despreciado (22,6; 69,19-22). Fue rechazado (118,22). Estuvo devorado por el celo de la casa del Señor (69,9). Fue objeto de burlas (22,1-2; 89,51-52). Fue flagelado (129,3), crucificado (22,1-2.14-17). Tuvo sed (22,16) y le dieron vino mezclado con hiel (69,20-22). Echaron suertes sobre su túnica (22,28-19). No rompieron sus huesos (34,21). Resucitó de entre los muertos (16,10), subió al cielo (68,19). Está a la derecha de Dios (110,1; 80,18). Es el gran sacerdote (110,4), el rey por siempre (89,4-5). Es el Hijo de Dios (2,7). Domina la tormenta (89,10; 29,3). El pueblo le cantó ‘Hosanna’ (118,25-26) y vendrá el último día en su gloria (102,16-23).

La carta a los Hebreos pone énfasis en presentar a Jesús como “sacerdote según Melquisedec, interpretando el salmo 110: "Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec" (Sal 110,4, ver Hb 5,1-10; 7,1-28).

Melquisedec aparece en Génesis 14 como alguien sin genealogía, sin principio ni fin. A nosotros nos resulta difícil seguir este tipo de razonamiento de la carta a los Hebreos. Pero tenemos que abrir nuestros ojos a esta aparición inexplicable que sitúa a Melquisedec totalmente aparte del contexto del capítulo.

Llega de no se sabe dónde, bendice en nombre del Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, y desaparece totalmente. Pertenece si no al otro mundo, al menos a un mundo diferente del de Abraham. Asume una superioridad sobre Abraham que este último acepta. Es una personalidad imponente.

Con él tomamos conciencia de un sacerdocio no pagano, sino de un sacerdocio del Dios único, anterior al sacerdocio judío que desciende de Aarón, independiente de él, y en cierta manera con una vocación superior a la de Abraham.

Y este antiguo sacerdocio pre-judaico está unido a la realeza. Melquisedec es Rey y Sacerdote, mientras que en Israel realeza y sacerdocio estaban separados, porque pertenecían a dos tribus distintas (Leví y Judá). Melquisedec es el único personaje que puede representar a Cristo mismo. Cristo era sucesor de David, pero no de Aarón. Su sacerdocio implica el reconocimiento de un sacerdocio independiente y superior al de Aarón.  El salmo 110 abre el camino para este enfoque exegético del Nuevo Testamento.

 

a.- El Mesías sufriente en el Salmo 22

Las profecías bíblicas de Cristo se parecen a un gran puzzle. La persona del Redentor sufriente emerge gradualmente a medida que se juntan las piezas. Pero es sobre todo el salmo 22 el que subraya sin ambigüedad lo que ha sucedido en Cristo. No hablamos ante todo de predicciones que puedan encontrarse en determinadas frases sacadas de contexto, sino de una manera más profunda y completa.

En el salmo 113 Dios se eleva en su trono, pero desciende para ver el cielo y la tierra. Este verso señala directamente la obra de Cristo, la acción de Dios que envía a su Hijo, el Verbo de Dios que se ha abajado tomando la forma del siervo en favor de cuantos están sentados en las tinieblas y sombras de muerte. Los que están sentados en las tinieblas son aquellos cuyos lamentos llenan la parte más grande del libro de los Salmos. La mirada profunda de Dios se ha hecho realidad en Cristo. Dios se ha convertido en alguien que sufre y este sufrimiento se ha expresado en una lamentación.

Las citas repetidas del salmo 22 en el relato de la Pasión muestran que la Iglesia primitiva ha visto la relación. y ha hecho suya la lamentación del salmo 22. J.R. Scheiffer da una lista de paralelismos (aquellos que son dudosos están entre paréntesis).

    Sal. 22       Mateo       Marcos        Lucas         Juan

         2            27,46         15,23             l9

         7               44               32

         8               39               29              35a

         9           (41) 43        (30)            35b

      16ab       (34, 48)     (24, 36)        (36)           (28)

       17c           (35)           (24)           (34)        (18-37)

        19              35               24               34           23-24

       25c             50               37             (46)

 

Alonso Schökel añade algunos otros paralelismos posibles con Mateo

        12           26,46             

        14           24,39

        23           28,10                                          17,6; 20,21

 

¡Cómo ha debido vivir los salmos Jesús, y éste en especial! En lo profundo de su aflicción, su tentación de desesperación y el espectáculo de cómo su sufrimiento y su transformación adquieren una expresión única. Cristo ha querido compartir la experiencia amarga de todos los que se sienten abandonados por Dios después de haberse abandonado totalmente a su providencia.

Asumiendo esta última prueba de ser abandonado por Dios, Cristo ha descendido a las profundidades del aislamiento humano, y ha hechos suyos nuestros sufrimientos. Las cuestiones desesperadas de “¿por qué?” y “¿hasta cuándo?” eran conocidas para aquél en quien la bondad de Dios se ha hecho humana. Todos los salmos de lamentación han llegado a su cumbre en el sufrimiento y la muerte de Jesús. Pero el salmo 22 es el más adecuado para describir el sufrimiento de Cristo porque no alude a ningún pecado propio, y no menciona los derechos del afligido. Aunque se hable de los enemigos, no hay ninguna imprecación contra ellos. En el relato de la pasión, en el lugar en que habitualmente solemos hallar las peticiones contra los enemigos, no existe aquí sino una intercesión por ellos (Lc 23,34).

Visto en su totalidad el salmo 22 es una lamentación que ha encontrado su punto de inflexión. Si Jesús ha orado este salmo en la cruz, lo ha debido recitar hasta el final y no sólo el primer verso. La segunda parte es la alabanza de una persona que ha sido librada. Dios responde al grito dado sobre la cruz. Es posible que la frase del relato de la Pascua en Mt 28,10, “Id y avisad a mis hermanos”, sea una alusión al comienzo de la segunda parte del salmo 22,23. Lo mismo se podría decir de Jn 20,17.

 

b.- Cristo el héroe de los Salmos en la literatura rabínica

Los judíos veían al Mesías en los salmos en lo mismos contextos en los que lo ven los cristianos. Recojamos algunos ejemplos de la manera como los Sabios de Israel entendían la espera mesiánica. 

Salmo 21

El mundo cristiano no considera habitualmente que el salmo 21 es un salmo mesiánico, pero el Midrash ve una referencia al Mesías Rey en los versos 2 y 4. Rashi interpreta del mismo modo el verso 7, y el Targum el 8.

“Señor, rey se alegra en tu fuerza”. “Pues le precedes de venturosas bendiciones y pones una corona de oro puro en su cabeza”. Te pidió la vida y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás. Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad.”

El Midrash se pregunta: ¿Quién es ese rey? Dios no va a coronar a un rey de carne y sangre, pero el Santo, ¡bendito sea! dará su propia corona al Rey Mesías porque de él se ha dicho: ‘Tú has puesto una corona de oro puro en su cabeza’. Dios no revestirá a un rey terrestre de su propio vestido de púrpura, pero se la ha dado al Mesías, pues está escrito “Lo has revestido de gloria y majestad”.

Y el Midrash sobre el Éxodo dice: ‘Dios no revestirá a un rey terrestre con su corona. Pero el Santo, ¡bendito sea! colocará su corona en la cabeza del Rey Mesías. El vestido de púrpura y la corona eran parte de los atributos del Mesías”. El Mesías no es un rey de la tierra, ni un rey de carne y sangre. Lo que los rabinos nunca hubieran podido prever es qué tipo de vestido y de corona le iba a sed dado al rabino de Nazaret para humillarlo y despreciarlo.

 Salmo 72

El Targum y el Midrash entienden que todo el salmo es un salmo mesiánico. “El rey que librará a los que están afligidos y necesitados es el Mesías, porque está escrito: ‘Un renuevo nacerá del tronco de Jesé y juzgará con derecho a todos los desvalidos” Todo el salmo es un canto al Rey Mesías. El verso 17 en hebreo dice: ‘Antes de que existiese el sol, su nombre era Yinnon, o sea ‘el que florece’”. Es una de las ocho palabras del Antiguo Testamento que significan ‘brote, renuevo’. El Midrash entiende que este nombre le ha sido dado al Mesías desde la creación del mundo.

Hablando de la profecía de Miqueas, según la cual el Mesías nacerá en Belén, Rashi hace alusión al salmo 72: “el Mesías, el Hijo de Dios, como dice el salmo 118, es la piedra que han rechazado los constructores, se remonta a los tiempos antiguos, porque antes del sol se llamaba “Yinnon”. El rabino David Quimhi dice de una manera sorprendente: “En los tiempos mesiánicos se dirá que sus orígenes se remontan a tiempos antiguos. “De Belén” significa que será de la Casa de David, porque hay un largo lapso de tiempo entre David y el Mesías-Rey, y es El (Dios), lo cual explica cómo existía en los tiempos antiguos”. 

Salmo 2

El salmo se refiere al ungido, en hebreo, Mesías. Dos veces se le menciona como “El Hijo”. Recibirá en herencia todas las naciones paganas. Se le acogerá con un beso, como rey y maestro. Comentando las palabras del salmo “Yo proclamaré el decreto del Señor”, el Midrash trae algunos de los pasajes asociados a esta frase.

"Es el decreto de los profetas, porque Isaías 52,13 dice: He aquí que mi servidor prosperará”. Is 42,1 añade: “He aquí mi servidor a quien yo sostengo”. Es el decreto de los salmos, como declara el salmo 110,1: “Oráculo del Señor a mi Señor: ‘Siéntate a mi derecha’”. El salmo 2,7 declara: ‘Me ha dicho: Tú eres mi Hijo’, y en otra parte está escrito: “He aquí que viene sobre las nubes del cielo como un Hijo de Hombre” (Dn 7,13). Los decretos son los del rey, el Rey de reyes, diciendo que esto le sucederá al Rey-Mesías”.

La tradición del Zohar asocia esta palabra con el verso 12 del salmo 2: “besad al hijo” (nashqu bar). En Gematría BAR = "hijo” tiene un valor numérico de 202 y las letras de av qal: son también 202. Estas comparaciones no tienen ningún valor en sí mismas, pero nos ayudan a comprender la manera de razonar de los cabalistas y las consecuencias que sacan.

Cuando el Zohar describe al Hijo - BAR, propone su afirmación de una forma trinitaria: “Tú eres el buen pastor, de ti se ha dicho: “Besad al hijo”. Tú eres grande aquí abajo, maestro de Israel, Señor de los ángeles que sirven, Hijo del Altísimo, Hijo del Santo cuyo nombre sea bendito y su Espíritu Santo. 

Salmo 110

El Midrash sobre los Salmos dice del verso: “Siéntate a mi derecha”: “Esto lo dice al Mesías, y su trono está preparado según la gracia y se sentará sobre él”- Cuando el Talmud habla de los dos ungidos de Zacarías 4,14, aplica este verso a Aarón y al Mesías y añade: “Yo no sé a cuál de los dos yo debería preferir. Cuando está escrito: ‘El Señor ha jurado y no se arrepiente. Tú eres sacerdote para siempre”, sabemos que el Mesías Rey es más agradable que el Sacerdote de Justicia.

El Rabino Simón el Predicador (s. XII) dice: "El Santo colocará al esperado rey Mesías a su derecha y a Abraham a su izquierda. El rostro de Abraham palidecerá de envidia y dirá: “El hijo de mi hijo se sienta a tu derecha, ¿y yo me tengo que sentar a tu izquierda?' Entonces el Santo le tranquilizará diciendo: ‘Tu hijo está a tu derecha, y yo estoy a tu derecha”. 

Salmo 118

En este salmo los Sabios aplican al Mesías las palabras de acogida: “Bendito el que viene en nombre del Señor” y los Hosannas. El Zohar explica: “Se refiere aquí a aquél que va a venir... Pues Israel debe cantar esto al que ha de venir. Dios extenderá su brazo una vez más para salvar al resto de su pueblo. Este canto es un canto real y habla de la comunidad de fe y de la venida del Mesías”.

Pero las palabras a propósito de “la piedra rechazada que se ha convertido en piedra angular” son las que más a menudo se contemplan a la luz mesiánica. Los rabinos piensan que es posible que el pueblo elegido no acepte al Mesías. El rabino Samuel Ben Yitshaq dice que Jeremías “llorando en secreto a causa de su orgullo”, quiere hablar del orgullo de Israel que es la razón por la que la Torah les será quitada para ser dada a las naciones paganas".

El salmo 118 habla sin equívocos del hecho de que el Mesías será rechazado, pero un día será exaltado a su estatuto real legítimo.

    (Esta sección es un resumen de Ribte Santana, El Mesías en el Antiguo Testamento a la luz de los escritos rabínicos, Jerusalem 1992. Sobre este tema se puede consultar I. Egnell, The Messiah in the Old Testament and Judaism: Critical Essays on the Old Testament, Nashville 1969, y J. Klausner, The Messianic idea in Israël from its beginning to the completion of the Mishnah, London 1956. 


 

B. CRISTO CANTOR DE LOS SALMOS

 

Entre los evangelistas, Lucas es el que se fija más en la oración de Jesús y en la oración en general. Trae nueve oraciones de Jesús. Solo dos son comunes con otros evangelios, mientras que siete son exclusivas de él. Lucas asocia la oración a los momentos más importantes de la vida de Jesús: el bautismo, una jornada de milagros, antes de la elección de los doce, antes de la confesión de fe de Pedro, en la Transfiguración, después de la misión de los 72 discípulos, durante su agonía en el huerto y en la cruz.

Todas las oraciones de Jesús en Lucas comienzan con la palabra “Padre”. Su oración no sólo nos revela la relación única que existe entre Cristo y su Padre, sino su capacidad de extender a nosotros esta relación. Expresa en su plegaria un sentimiento de confianza y abandono absoluto en su Padre. Su oración es como su respiración, una fuente de gozo.

Cuando Jesús oraba los salmos, proyectaba sobre ellos una luz nueva que los hacía brillar con un nuevo resplandor. San Agustín llama a Jesús “iste cantator psalmorum”. La palabra “iste” contiene un sentido de admiración. Podemos traducir esta expresión como “este admirable cantor de los salmos”.

Lucas presenta la plegaria de María en el Magnificat como un potpourri de textos bíblicos. De ahí podemos deducir que la plegaria de Jesús estaría también muy influenciada por las oraciones del AT.

Cuando subió a Jerusalén a la edad de 12 años como peregrino de la Pascua, cantaría gozosamente junto con su pueblo los “Cantos de las Subidas”, y especialmente el salmo 122. Jesús guardaba fielmente todas las fiestas judías que marcan el año litúrgico. Cada año al final de la Cena pascual recitaría el gran Hallel (Sal 136) y el pequeño Hallel que incluye salmos como el 114 que recuerda la salida de Egipto, la travesía del Mar Rojo y del Jordán.

El día de Año Nuevo Jesús habrá sin duda tocado el cuerno o shofar, y cantado los 3 salmos (105, 19 y 34) que exaltan la majestad divina en la creación. Durante los días santos entre el Año Nuevo y el Yom Kippur cantaría los salmos escogidos para cada día: 24, 48, 82 ,94, 81, 93, 92...

Durante sus visitas semanales a la sinagoga se aplicó a sí mismo los salmos que cantaba la liturgia, de la misma forma que más tarde se aplicó la profecía de Isaías que acababan de leer (Lc 4,16.21).

Jesús encontró en los salmos una fuente de inspiración para expresar sus vivencias profundas, o para aclarar los sucesos de su ministerio. Podemos imaginar cómo leería todas las frases sálmicas sobre los pobres, los “anawim” que profesan en los salmos su confianza ilimitada en Dios. “Yo soy un ‘anaw’, manso y humilde de corazón (Mt 11,29). “Que los humildes lo escuchen y se alegren” (Sal 34,3). “Los humildes poseerán la tierra y gozarán de una gran paz” (Sal 37, 11).

Sabiendo que Jesús hizo de los salmos su oración favorita y que los recitaba a menudo, un método provechoso de rezar los salmos sería leerlos tratando de imaginar el eco que tuvieron en la oración de Jesús. “Tú no quisiste sacrificio ni ofrenda, y en cambio me abriste el oído. No exigiste sacrificio ni víctima y entonces dije: “Yo vengo” (Sal 40,7-8).

Durante las tres largas horas de Getsemaní en que Jesús repitió la oración “¡Hágase tu voluntad!”, es difícil pensar que Jesús no se haya apropiado de las palabras de este salmo para expresar su oración.

El hecho de que Jesús se presenta a sí mismo como el esposo cuya presencia es causa de alegría (Mc 2,19),y la parábola del rey que da un banquete de bodas para su hijo, ¿no nos revela que leyó el canto de las bodas reales (Sal 45) y se lo aplicó a sí mismo? El salmo 72 que describe al rey que viene a gobernar a los pobres con justicia y se apiada del humilde e indigente, ¿no habrá sido su fuente de inspiración cuando proclamó el Reino como un cambio radical en el destino de los pobres?

Probablemente todos los judíos cultos del siglo I vieron referencias mesiánicas en esos mismos salmos donde el Señor también las descubrió. Todas las Escrituras tienen un sentido espiritual o sentido pleno. Este enfoque era general en aquella época. Incluso un gentil como el etíope de la reina de Candaces sabía que los libros sagrados de Israel no podían ser leídos sin un guía formado en la tradición judía que podía descubrir los sentidos ocultos. De hecho la aplicación de las referencias bíblicas al Mesías en los textos rabínicos es aún más imaginativa que la que encontramos en los Evangelios.

La presencia de Judas sentado a la mesa trajo sin duda a la memoria de Jesús el salmo 41: “Incluso mi amigo y confidente que comía mi pan, levanta contra mí su calcañar” (Sal 41,10). A la hora de la muerte los evangelistas ponen en sus labios dos citas distintas de los salmos. Según Marcos y Mateo el salmo 22,2: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” Según Lucas, el salmo 31, 6: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.

Este procedimiento se llama cristificar los salmos, poner a Jesucristo como “yo” del salmo, como salmista. Es muy útil en el conjunto de Salmos de los pobres de YHWH, que proceden “de aquel ambiente privilegiado de los pobres llamados Anawim. Piadosos y místicos, clientes de Dios, cuyo comportamiento espiritual preparaba de antemano el del Señor. El anaw está en la presencia de Dios, tiembla ante su palabra, obedece a sus órdenes, acoge sus dones... Son estos salmos los que dieron a Cristo sus expresiones y su vocabulario”. (A. Gelin).

También podemos poner en labios de Jesús los salmos en los que se expresa el justo sufriente, perseguido y calumniado, que confía su causa en las manos de Dios, pidiendo justicia.

 

 

C. LOS SALMOS DIRIGIDOS A CRISTO

 

Otro modo de cristificar los salmos es hacerlo “desde arriba”, poniendo a Cristo en el “tú” del salmo, dirigiendo a Jesús de Nazaret las plegarias que eran dirigidas a YHWH en el Salterio. Esto sólo es lícito desde una profunda fe en la divinidad de Cristo, que ha heredado el título de Kyrios.

Plinio en su carta a Trajano alude al hecho de que los Cristianos acostumbraban a dirigir himnos a Cristo como Dios: "carmina Christo tamquam Deo". Jesús mismo nos ha abierto este camino cuando aceptó la alabanza de homenaje que le dirigieron los niños con gran escándalo de los fariseos. Ha justificado estas alabanzas citando el salmo 8 sobre la alabanza que Dios recibe de labios de los niños (Sal 8,3).

La carta a los Hebreos para acentuar la superioridad de Jesús sobre los ángeles, le aplica las palabras de los salmos dirigidas a Dios: ¿A cuál de los ángeles se le ha dicho: 'Eres tú, Señor, quien en los orígenes fundaste la tierra y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces, todos ellos envejecerán como un vestido..?´" (Hb 1,10; Sal 102,26-28).

Las palabras del salmo 68,19 que hablan del Dios que se eleva sobre las alturas, captura prisioneros y hace dones a los hombres, se aplican a Jesús en la carta a los Efesios (4,7-10). Cuando el salmo 34,9 nos invita a gustar qué bueno es el Señor, la primera de Pedro nos dice que gustemos la bondad del Señor que es la piedra viva rechazada por los hombres y escogida por Dios (1 P 2,3-4).

En el momento de su muerte Esteban el diácono dirige a Jesús las mismas palabras que Jesús había dirigido a su Padre celestial confiándole su espíritu (Hechos 7,59). Así Jesús puede ser a la vez el que canta con nosotros al Padre utilizando las palabras de los salmos, o aquél a quienes esas palabras se dirigen, Rey de reyes y Señor de señores.

 

D. OTROS SENTIDOS DE LOS SALMOS

Además de lo que los autores de los salmos han querido decir creemos que hay un sentido oculto, escondido, un sentido alegórico relativo a las verdades básicas del Cristianismo. El sentido superior sólo se descubre a la luz de los acontecimientos que tuvieron lugar después de su muerte.

Esta afirmación provoca una gran desconfianza en el mundo moderno. Cualquiera puede leer en un libro lo que le apetezca sólo con que verdaderamente lo desee. Los críticos pueden leer en los libros toda clase de sentidos alegóricos que los autores nunca pretendieron. Las posibilidades de equivocarse son enormes. Y sin embargo los cristianos no podemos totalmente abandonar este método al leer la Biblia.

La verdadera cuestión es si algo que está ya escrito o dicho puede tomar un sentido nuevo a la luz de acontecimientos posteriores. En algunos casos puede ser que el sentido nuevo sea puramente accidental. Cualquier cosa que yo haya podido decir justo antes de la muerte imprevista de mi madre, puede adquirir un sentido nuevo que yo no pretendía, pero que ahora en el presente me puede alegrar o entristecer. Un suceso posterior da un sentido nuevo a palabras que habían sido pronunciadas antes. Pero en este caso es una coincidencia de la que yo no soy responsable.

    Pero puede suceder que un hombre diga algo más verdadero y más importante de lo que conoce, sin que esto suceda por pura casualidad.

    No hablamos ahora de profecía en el sentido milagroso de la palabra. Hay casos en que una verdad posterior que el autor no conocía, está íntimamente ligada a lo que sí conocía. Su afirmación está enraizada en una realidad objetiva más plena que el autor no llegó a explicitar. Pero nosotros podemos leer un texto a la luz de esta verdad más plena, viendo en él como un plus, un sentido segundo, sin que por ello introduzcamos en el texto un sentido extraño a él o totalmente arbitrario. Se trata de prolongar el sentido en la dirección que le es propia. Tras las palabras del autor y tras el sentido descubierto, comprendemos que no hay más que una sola y única verdad.

C.S. Lewis nos da un ejemplo: En la “República” de Platón, se nos pide imaginar a un hombre perfectamente recto, tratado por su entorno como un monstruo de maldad. Es encadenado, castigado y empalado. Este texto causa sorpresa a un lector cristiano. ¿Es una pura coincidencia? ¿Es una conjetura afortunada de lo que iba a suceder cuatro siglos más tarde?

Platón habla conscientemente de la suerte que le está reservada a la bondad en un mundo malvado incapaz de comprenderla. Es precisamente lo que ha ocurrido en la pasión de Cristo. Quizás Platón tenía en mente la muerte de Sócrates, cuya bondad le condujo al martirio, porque la bondad es siempre bondad, y el mundo corrompido será siempre el mismo.

Si Platón, partiendo del ejemplo de Sócrates y de su clara visión del bien y del mal, pudo entrever la posibilidad de un ejemplo perfecto y describir algo tan parecido a la pasión de Cristo, no es por casualidad, sino porque era un hombre que comprendía bien la naturaleza del mundo. El no supo que el ejemplo perfecto de bondad crucificada que él había pintado llegaría a ser real en la historia. Pero de haberlo descubierto, su reacción no hubiera sido decir: “¡Qué casualidad!”, sino más bien: “¿No os lo había dicho yo?”

Cuando medito en la pasión de Cristo leyendo el retrato que hace Platón del justo, puedo leerlo provechosamente viendo a Cristo como un segundo sentido del texto, ya que el parecido no es una simple coincidencia. Hay un lazo real entre lo que Platón quería decir y lo la verdad en la que yo creo. Lo que pasa es que yo conozco ese lazo y él no lo conocía. Pero existe realmente. No es una fantasía arbitraria de mi parte que yo esté proyectando sobre textos distintos del ayer.

 

 

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