INTRODUCCION A LOS SALMOS


 

 

   A. Cómo leer y orar los salmos

 

  B. Los salmos en su contexto litúrgico

 

  C. Tipos y géneros de salmos

 

  D. Colecciones de salmos

 

  E. Poesía Hebrea   

  

  F. El Texto hebreo y los LXX     

                                                             

            

A. CÓMO LEER Y ORAR LOS SALMOS

(Resumiremos y glosaremos aquí algunos pensamientos de Hilari Raguer en su magnífico opúsculo Para comprender los Salmos, Verbo divino 1996, pp. 39-58).

 Dios tomó la iniciativa de relacionarse con un pueblo, y a través de él con toda la humanidad. Israel es consciente de ello y por eso comparece ante Dios en actitud de alabanza, acción de gracias, arrepentimiento, confianza, súplica…

Orar no es ensimismarse subjetivamente con la ayuda de ciertas técnicas de relajación o introspección, sino de ponerse ante el Dios vivo y tres veces santo. La oración es el encuentro de lo efímero de nuestro tiempo con la eternidad,

Jesús nació en un pueblo que sabía orar (J. Jeremías). Los estoicos consideraban inútil la oración porque confundían a Dios con el universo. “¿Por qué alzar las manos a Dios? -se preguntaba Séneca- ¡Dios está dentro de ti!” Pero Jesús nació en un pueblo que tenía un sentido de la trascendencia divina que no se confunde con el cielo y la tierra, ni con nuestra subjetividad, aunque esté más dentro que lo más íntimo que hay en mí (intimior intimo mei). Es el Otro, y por eso puedo dirigirme a él. Claudel llamaba a los salmistas “los tuteadores de Dios”.

Orar supone un contacto, una presencia mutua. Lo más importante de la oración es el momento del encuentro, la tangencia de dos intimidades. Cuando ese contacto se ha establecido las palabras son ya lo de menos.  Pero a veces las palabras ayudan a establecer ese contacto que acabará por hacerlas superfluas.

Pero Dios ha querido enseñarnos a orar, y nos ha revelado las palabras que quiere que usemos en nuestra oración. Por eso los salmos antes que ser palabra del hombre a Dios son palabra de Dios al hombre. Podrá haber textos de oraciones más poéticas, más actuales, más dramáticas, para nuestro gusto, pero no para el gusto de Dios. Y cuando oramos lo importante no son las palabras que nos gustan a nosotros, sino las que le gustan a él. “Dios se ha alabado a sí mismo, para que pudiéramos alabarle dignamente” (ver texto nº 11).

 

1. Estudiar los salmos

En los tres grados clásicos de oración: oratio, meditatio et contemplatio, la meditación ocupa el lugar intermedio. La meditación es el estudio del texto a la luz de buenos comentarios o maestros, y a la luz de los textos paralelos de la Escritura, que podemos encontrar en concordancias, y notas marginales o a pie de página. El estudio no es oración, pero le da solidez y objetividad. Podemos estudiar los salmos poco a poco, uno cada vez. Los salmos son vasos comunicantes. Lo que hemos aprendido sobre uno nos ayudará mucho a entender mejor el siguiente.

Conocer las lenguas originales es una gran ayuda para profundizar en el texto. Santa Teresita decía que hubiera querido saber hebreo par poder rezar los salmos en su lengua original. Dice Chouraki: “Para mi padre ser judío era simplemente saberse los salmos de memoria en hebreo, y otros textos de la Escritura”.

Los salmos son poesía y la poesía suele ser difícil de primer lectura, más aún si pertenece a una literatura de hace miles de años. Por eso lo primero hay que familiarizarse con el texto. El ideal sería aprenderlos de memoria, lo cual resulta más fácil si los aprendemos con música. Antiguamente destituían a los obispos que no se sabían los salmos.

Al menos podremos memorizar fragmentos, versos, antífonas. Cuando nos vamos familiarizando con el estilo, el lenguaje, el sentimiento, nos va resultando más fácil rezarlos. Cuando salmodiamos en el oficio divino en común, aunque todos repitan las mismas palabras, las resonancias que suscitan en cada uno son distintas. Por eso es posible una recitación a la vez comunitaria y personal. Los matices y aplicaciones y resonancias son muy distintos. Cuanto mejor nos sepamos de memoria las palabras, mejor podremos abandonarnos al texto y a su resonancia interna, porque nos liberamos de ese esfuerzo visual e intelectual que bloquea o frena las facultadas del espíritu.

Cuanto menos se dependa del libro, más volarán la imaginación y los afectos. La regla de Casiano es “recitar los salmos como si tú fueras su autor”, y “anticiparse al texto más bien que seguirlo”. Así no iremos a remolque de lo que se lee, sino que anticiparemos el argumento general, y los desarrollos concretos ya desde el primer versículo.

Pero no basta aprender el Salterio, hay que aprender la Biblia. Lutero decía que el Salterio encierra todo el contenido de la Biblia, encerrado en un pequeño manual. “Creo que el Espíritu Santo quiso tomarse él mismo el trabajo de componer una Biblia abreviada a fin de que si alguien se encuentra en la imposibilidad de leer la Biblia entera, tenga al menos en el Salterio casi toda la suma de la Escritura resumida en un pequeño libro”. San Atanasio (Texto 1) dice que el Salterio contiene salmos históricos, proféticos y sapienciales, y es como un jardín que junta lo mejor de aquellos géneros, “como un jardín que tuviera en él sembrados los frutos de los demás”.

Pero en los salmos cambia el tono. Lo que cuentan los otros libros los salmos lo cantan. Tratan de lo mismo que el resto de la Biblia, pero en registro de oración. Pero si no conocemos los otros libros, se nos escaparán muchos matices del salterio, y el lenguaje resulta inconcreto, y fuera de contexto. El contexto nos lo dan los libros históricos, que nos presentan la salvación no como una realidad abstracta, sino concretada en una historia de Salvación. Si conocemos bien el contexto en que fueron escritos los salmos, podremos más fácilmente traducirlos a nuestro contexto existencial de hoy.

Hay que tratar de imaginar para qué tipo de situaciones fue compuesto aquel salmo. Para ello hay que enfrentarse directamente con el texto, hurgar en él y dejarse llevar de la imaginación, aunque no sea más que a efectos de nuestra oración personal..

Situando los salmos en la vida, situamos la vida en los salmos, y así podrán ayudarnos a discernir los signos de los tiempos tanto a nivel colectivo como personal.

 

2. Desmenuzar los Salmos

Desmenuzar los salmos consiste en rezarlos deteniéndose en versículos concretos. Hay dos modos de andar; uno funcional que busca sólo llegar a una meta, buscando el camino más corto y directo, sin detenerse. Otro modo de andar es pasearse. No hay meta exterior. El camino es la meta en sí misma. Podemos aflojar el paso, mirar el paisaje, y hasta sentarnos un rato.

En el rezo comunitario la acción litúrgica tiene su ritmo que no podemos interrumpir demasiado, pero en la oración personal podemos detenernos todo lo que queramos. En esa lectura pausada, podemos gozar un verso concreto. A veces la liturgia ha escogido un determinado salmo para una fiesta sólo por un determinado versículo que guarda relación con ella, y que se escoge como antífona al principio y al final.

Se trata de rumiar los salmos. Hacer de ellos cantera de jaculatorias. Decía san Ignacio que “no el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y gustar las cosas internamente”.

Al terminar de rezar o de meditar un salmo, pregúntate qué versículo te ha llamado más la atención, o qué sentido nuevo le has visto. Apréndelo, repítelo. Cuando vuelvas a rezar ese salmo más adelante te encontrarás en él con antiguos conocidos, y poco a poco puedes ir teniendo un buen repertorio de versículos. Si además los aprendes con música, o los musicalizas tú mismo, el efecto se multiplicará, porque, como ya hemos dicho, los salmos se compusieron para ser cantados y es sólo con música cuando despiden todo su aroma. En Taizé se utilizan versos de salmos musicalizados y repetidos a veces durante horas para crear un clima de oración muy profundo y contagioso.

Esta repetición podría parecer tediosa o monótona. Pero sorprendentemente, a medida que las palabras y la música van calando, se relaja el cuerpo y el alma y alcanzamos los umbrales de la contemplación. Esta forma de cantar recuerda el oleaje del mar. contemplar cómo las olas van y vienen no es algo aburrido. Uno se deja mecer por ese vaivén y se abandona serenamente a la contemplación.

La rumia de los salmos era ya corriente entre los israelitas. Precisamente el salmo 1 dice: “Dichoso el hombre que se complace en la instrucción de YHWH y su instrucción susurra día y noche; es como un árbol plantado junto a la corriente de las aguas, que da a su tiempo su fruto (Sal 1,2). El verbo empleado es äâä (hagáh, susurrar, mascullar). Se aplica al arrullo de la tórtola (Is 59,11), al gruñido del león (Is 31,4), al gemir del hombre (Jr 48,31). La meditación es siempre vocal, va acompañada de un movimiento de labios, como en el rezo del rosario.

En la catequesis sobre los salmos, un ejercicio muy práctico puede ser buscar versículos aplicables a distintas finalidades o aplicaciones. ¿Con qué verso felicitarías la Navidad, o a un amigo que se casa? ¿Con cuál darías el pésame a un amigo por una pérdida familiar? ¿Qué versículo pondrías a la puerta de tu casa, en un sagrario, en la sala de estar? ¿Qué versículos podrías utilizar para bendecir la mesa o dar gracias por la comida?

También en la oración comunitaria hay grupos que al terminar el rezo del salmo dan lugar para un tiempo de silencio tras el cual cada uno puede repetir el verso o palabras que mas le han impresionado, o incluso glosar con palabras espontáneas el sentido de ese verso en la realidad de su vida.

  

3. Rezar los salmos en comunión

 

Una intuición muy fecunda en el rezo de los salmos, sobre todo cuando se hace en comunidad, o en el rezo litúrgico del breviario, es sentirse en comunión con todos los que están orando ese salmo, o con todos los que están viviendo lo que ese salmo trata de expresar.

 

Primera y principalmente es sentirse en comunión con Cristo, lo que Raguer llama cristificar los salmos desde arriba o desde abajo. A esto dedicaremos un largo apartado cuando tratemos de los salmos y Cristo. La Ordenación de las Horas lo explicita: “Cristo está presente en la asamblea congregada, en la palabra de Dios que se proclama y ‘cuando la Iglesia suplica y canta salmos’” (SC 7).

“No es sólo de la Iglesia esta voz, sino también de Cristo, ya que las súplicas se profieren en nombre de Cristo, es decir ‘por nuestro Señor Jesucristo’. Así la Iglesia continúa las plegarias y súplicas que Cristo presentó al Padre durante su vida mortal (Hb 5,7) y que por lo mismo poseen singular eficacia. Tomando los salmos en las manos, y sabiendo que Cristo los utilizó para su oración en la tierra, podemos realizar el deseo de tener en nosotros los mismos sentimientos de Cristo (Flp 2,5). Con nuestras bocas que son miembros de su cuerpo, le damos la oportunidad a Cristo para seguir diciendo los salmos al Padre, y seguir siendo “vox Christi ad Patrem.”

Pero también podemos entrar en comunión con la Iglesia: Sentire cum Ecclesia. Dice la Ordenación general de la Liturgia de las Horas: Quien recita los salmos en la Liturgia de las Horas no lo hace tanto en nombre propio como en nombre de todo el cuerpo de Cristo. Teniendo esto presente se desvanecen las dificultades que surgen cuando alguien, al recitar el salmo, advierte tal vez que los sentimientos de su corazón difieren de los expresados en aquél, por ejemplo, si el que está triste y afligido se encuentra con un salmo de júbilo, o, por el contrario, si sintiéndose alegre se encuentra con un salmo de lamentación.

Esto se evita fácilmente cuando se trata simplemente de la oración privada en la que se da la posibilidad de elegir el salmo más adaptado al propio estado de ánimo. Pero en el Oficio Divino se recorre toda la cadena de los salmos, no a título privado, sino en nombre de la Iglesia, incluso cuando alguien tuviera que recitar las Horas individualmente. Sin embargo, quien recita los salmos en nombre de la Iglesia siempre puede encontrar un motivo de alegría o de tristeza, porque también aquí tiene su aplicación aquel dicho del Apóstol: ‘Con los que ríen estad alegres; con los que lloran, llorad” (Rm 12,15), y así la fragilidad humana, indispuesta por el amor propio, se sana por la caridad, que hace que concuerden el corazón y la voz del que recita el salmo’”.

El rezo de los salmos lo hacemos no sólo en comunión con la Iglesia militante, sino también con la Iglesia triunfante. Dice la Ordenación general: “Con la alabanza que a Dios se ofrece en las Horas, la Iglesia canta asociándose al himno de alabanza que resuena en las moradas celestiales, y siente ya el sabor de esa alabanza celestial que resuena de continuo ante el trono de Dios y del Cordero, como Juan la describe en el Apocalipsis. Porque la estrecha unión que se da entre nosotros y la Iglesia celestial se lleva a cabo cuando celebramos juntos, con fraterna alegría, la alabanza de la divina majestad, y todos los redimidos por la sangre de Cristo ensalzamos con un mismo canto de alabanza al Dios uno y trino” (n. 16; LG 50).

Aunque cantemos mal, aunque nuestra voz sea débil, la fe nos enseña a sumarnos a esa coral maravillosa, y dejar que nuestra voz se pierda, se funda con todas aquellas voces para cantar al que es Tres veces Santo.

 

B. LOS SALMOS EN SU CONTEXTO LITÚRGICO

     

1. De la experiencia histórica a la colectiva

 Uno de los libros más importantes que se han publicado sobre los Salmos es el de H. Gunkel, “Introducción a los Salmos”, editado después de su muerte por uno de sus discípulos. Podemos decir que el estudio histórico crítico de los salmos se puede dividir en dos períodos: antes de Gunkel y después de Gunkel.

Antes de Gunkel se había transferido a los salmos y a la Biblia en general nuestras nociones modernas de autor y de origen de un poema.  Los salmos serían el trabajo de autores individuales, y la tarea del investigador sería identificar al autor, la fecha de composición y la situación histórica a la que el autor se refería.

Las inscripciones o cabeceras que hay al principio de algunos salmos han desorientado a los comentadores en su trabajo por localizar los orígenes de un poema, buscar Ez nombre del autor, la fecha, la anécdota particular en su vida.

  Pongamos un ejemplo: La cabecera del salmo 57 (siempre daremos la numeración de la Biblia hebrea) indica: “De David, cuando huyó de Saúl en la caverna”. El enfoque histórico anterior a Gunkel intenta encontrar el Sitz im Geschichte, el contexto histórico de este poema, las circunstancias de su composición para entender su significado. Estudia el pasaje de 1 Sm 24 donde se nos relata esta historia de Saúl y David. Puede darse que otros no estén de acuerdo y prefieran buscar otro emplazamiento histórico en la vida de los profetas que se ocultaron en las cavernas durante la persecución de Ajab (1 Re 14,18). Los que fechan ese salmo en la época macabea intentarán encontrar en este período un inocente perseguido que se haya refugiado en una caverna...

En cualquier caso, lo típico de este enfoque es el intento de atribuir el salmo a una circunstancia histórica puntual. Más tarde se intentará adaptar el salmo a otras circunstancias semejantes o transferirlo a otras personas que oran en circunstancias semejantes a aquellas en las que el salmo fue compuesto en un principio.

Pero una nueva comprensión de la vida y de las instituciones del Antiguo Testamento ha revolucionado esta perspectiva. Gunkel cambió el enfoque. Notó como en el interior de los salmos no hay apenas ninguna alusión a la situación personal del poeta. Raramente hay algo concreto. El salmo expresa sentimientos y experiencias que son moneda corriente en el interior de la comunidad cúltica.

Volviendo al ejemplo del salmo 57, no se trata de David perseguido por Saúl, ni de los profetas perseguidos por Ajab. Es la voz de todo inocente perseguido. Por eso nos es hoy tan fácil adaptar los salmos a nuevas circunstancias históricas. Fueron escritos para ser utilizados en múltiples situaciones semejantes.

 

2.  Medio de vida: Sitz im Leben

El lugar existencial de los salmos hay que encontrarlo en la vida de la gente, en sus instituciones, en la comunidad más bien que en el individuo. Hace falta comprender cuál era su destino para comprender su origen. ¿Cuál era la finalidad de este salmo concreto? ¿En qué circunstancias se utilizaba en el templo? El medio de vida de los salmos era el culto. Cuando el pueblo obtenía una resonante victoria, iban al templo para celebrar una liturgia de acción de gracias y necesitaban “formularios”. Me acuerdo del tiempo en que había libros que contenían formularios de cartas de amor, de cartas de pésame... Estos formularios dejaban espacios en blanco que cada uno debería llenar con sus datos específicos.

Un suceso particular se expresaba en el marco de un formulario más bien estereotipado. Los salmos no eran escritos primero por un poeta particular y después empleados en el culto del templo, sino al revés. La mayor parte de los salmos fueron cantados y orados mucho tiempo antes de que fueran redactados. Los que los escribieron más tarde no fueron las mismas personas que los compusieron, sino que los escritores se limitaron a recopilar la tradición oral.

  El procedimiento de recopilar redactar los salmos fue en sí mismo una etapa importante y significativa, pero tuvo lugar en una fase más bien tardía del proceso. Antes hubo una vida rica y variada de los salmos en la tradición oral.

  En los salmos Gunkel aisló las formas diferentes que se utilizaban en el templo para las necesidades religiosas del culto. En cada una de estas formas hay que considerar el contenido, la forma literaria y el contexto existencial en el cual esa forma creció y se desarrolló. Hay modelos literarios fijos y definidos que se utilizan siempre para expresar una determinada experiencia en un determinado medio. Fueron compuestos para servir a hombres de generaciones diversas. 

 

3. Historia de las formas

       Pero Gunkel no tuvo sólo la intención de aislar, describir y catalogar estas formas literarias, sino de rastrear el desarrollo de estas formas a lo largo de la historia bíblica. Establece las líneas de evolución de la siguiente manera:

-de lo corto a lo largo. Al comienzo la forma literaria tenía sólo algunas palabras: Hodu Adonai ki tov, ki le'olam jasdo. “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque su amor no tiene fin”.

-de lo simple a lo complejo. Conforme avanza la historia de la forma literaria hay nuevos adornos y embellecimientos. El estilo se va recargando.

-de lo puro a lo contaminado. Al principio sólo se dan formas puras. Después varias formas se mezclarán en el mismo salmo.

-de lo comunitario a lo personal. Al principio abundan las experiencias colectivas, y al final se refuerza la vivencia individual.

 

C. TIPOS Y GÉNEROS DE SALMOS

 

 

1. Cómo clasificar las diversas formas literarias

 

La súplica y la alabanza son las dos tonalidades diferentes que caracterizan a los salmos de Israel. Así en ellos se refleja la vida del individuo y de la comunidad en toda su diversidad. Reflejan la vida con sus altos y sus bajos, en todos los ambiente, en el mar y en la montaña; la vida vivida en compañía con los animales y las plantas, en los vastos contextos de la historia que se extiende desde la creación hasta la venida de Dios a juzgar el mundo.

En esta gran perspectiva, la vida del individuo tiene un lugar muy importante. Los salmos reflejan las alegrías y dolores del individuo, el nacimiento y la muerte, la fiesta y el trabajo, el sueño y el camino, la enfermedad y la curación, el éxito y el fracaso, la angustia y la confianza, la debilidad y la fuerza. Los salmos se hacen eco del doloroso problema que supone para el justo tener que vivir en medio de los malvados en cuyas manos ha sido entregado.

En los salmos podemos reconocer formas literarias agrupadas en una serie de categorías. Lo mismo que se puede distinguir distintas especies en los seres vivos (especies que no hay por qué reducir a clasificaciones abstractas), de la misma manera los salmos pertenecen a formas o géneros literarios que permiten, cada uno, un número ilimitado de expresiones únicas y singulares..

El ritmo fundamental que determina la existencia humana, el ritmo de la alegría y el sufrimiento, caracteriza a las dos categorías de salmos más fácilmente discernibles: los salmos de lamento (L) y los salmos de alabanza (A). Pero hay que añadir que en el mundo de los salmos la alegría y el dolor no son situaciones meramente humanas que más tarde se relacionan con Dios, sino que esa vivencias existen como tales en relación a Dios, procedentes de Dios, en presencia de Dios y en ruta hacia Dios. La alabanza es la alegría vivida en Dios. El lamento es la súplica derramada ante Dios.

Los salmos de alabanza o de súplica pueden a su vez ser clasificados en salmos del individuo (I) y salmos de la comunidad (C). He aquí la lista principal de los géneros sálmicos, cada uno con un ejemplo.

 

LC    Lamento comunitario                                            salmo 80

LI     lamento individual                                                 salmo 13

AC   Alabanza comunitaria narrativa                           salmo 124

H     Alabanza comunitaria descriptiva: Himno            salmo 113

AI     Alabanza del individuo                                           salmo 30

 

El salmo de alabanza narrativa se llama habitualmente salmo de Acción de gracias. Es el eco de una acción concreta de Dios que acaba de suceder. Es el suspiro de alivio alegre y libre, de una persona que ha sido salvada y dice: “Gracias, Señor por tu salvación”. Un ejemplo de alabanza narrativa individual es la colección de cuatro salmos de alabanza reunidos en el salmo 107, 4-32. En él hablan uno tras otro individuos que han sido salvados de un viaje peligroso, de la cárcel, de la enfermedad y de los peligros del mar.

Como alabanza narrativa comunitaria citaremos el brevísimo canto de Myriam en Ex 15,21, probablemente el más antiguo salmo de Israel, o el salmo 24.

Los salmos de alabanza descriptiva o himnos no son el resultado de una acción concreta puntual de Dios. En ellos se alaba a Dios por la plenitud de su existencia y de su actividad. Su estructura básica es: “Dios es...; Dios hace...” En tanto que género este salmo es siempre comunitario.

Cada forma puede subdividirse.  La alabanza de la majestad de Dios puede aplicarse a Dios en cuanto Creador (Sal 8) o en cuanto Señor de la historia (Sal 105). La alabanza narrativa puede tomar la forma de un canto de victoria como en Jc 5..

Más tarde los límites entre los géneros se hicieron más elásticos. La forma fue perdiendo importancia y se retiró a un segundo plano a medida que el culto en el templo se convirtió en un mundo autónomo.                                                              

Nos queda aún por mencionar otros dos tipos importantes: las liturgias y los salmos sapienciales. Designamos con el nombre de “liturgia” aquellos salmos en los que las palabras se combinan con una acción, una procesión... Así sucede por ejemplo en los salmos 24 o 118. Los salmos sapienciales representan un género único, una transición entre el salmo y la enseñanza sapiencial. Típico de este género es el salmo 73 sobre el contraste entre justos y malvados. Allí podemos observar la transición entre la plegaria y la meditación piadosa.

Otro tipo de salmos que podrían agruparse según el tema serían los salmos reales, pero en realidad no representan un género independiente. 

 

2. Salmos y Culto

 Los salmos nacen de la experiencia del culto en Israel, pero ¿cómo debemos entender este culto? Se trataba de algo radicalmente diverso del culto que conocemos hoy en nuestro mundo. Porque entonces el culto era el centro indiscutible de toda vida social, de toda la vida comunitaria. El culto no era el lugar donde se reunían las personas interesadas por la religión, sino el corazón a través del cual vibraba la vida de todos. Todo lo que sucedía en la vida de la gente en su conjunto, o de los individuos en particular, entraba en contacto obligatoriamente con el culto y desembocaba en la oración.

Había que llevar a la presencia de Dios mediante la súplica todas las grandes crisis nacionales, la sequía, la amenaza de una invasión, la derrota, cualquier desastre... A partir de estas situaciones se desarrolló el salmo de lamento comunitario LC. Pero si por el contrario el pueblo lograba la victoria, o alejaba el peligro, o lograba una buena cosecha, también había que ir al templo, esta vez para alabar a Dios. De esta situación nació el canto de acción de gracias que hemos llamado salmo de alabanza narrativa AC

Lo mismo ocurre en la vida del individuo. Todos los altos y bajos, la angustia y la salvación se experimentaban en su relación con Dios y desembocaban en un lamento o en una alabanza: LI o AI.

Los acontecimientos de los que nos hablan los salmos no tuvieron lugar en el culto, sino más bien en los trigales, en los campos de batalla, a la cabecera de los enfermos. Pero fue en el culto donde los salmos nacieron. Lo que se vivía fuera del templo era llevado posteriormente al culto por personas que querían expresar delante de Dios (1 Sm 1)

En la escena conmovedora de Isaías 37,14-15, el rey Ezequías recibe un anuncio amenazante y va a orar delante de Dios. La oración comienza ya en la vida cotidiana, pero hay que ir al templo a llevar ante Dios esta amenaza. Los enfermos oran en sus lechos y los enfermos en el calabozo. Los cantos de victoria brotan espontáneamente en el campo de batalla (Sal 118). Pero ya entonces el templo se hace presente de una forma imaginativa. Incluso en el fondo del mar, en el vientre de la ballena Jonás levanta sus ojos hacia el Templo. ¿Cómo volveré a encontrar tu santo templo?” (Jon 2,5). “Mi oración se elevó hacia ti en tu templo”. El poder y el significado del culto radican en su capacidad para irradiar hasta cualquier rincón del país.

Igualmente no podemos comprender el tiempo de la oración según nuestras concepciones modernas. Los grandes festivales, las fechas cumbres del año, no eran los únicos tiempos reservados a la oración. Eran el signo de que el tiempo en su totalidad venía de Dios e iba a Dios, y no hay días en el año que no sean significativos para la oración. Toda la vida estaba impregnada de oración.

Podemos comprender la plegaria de Israel si la vemos como el centro en el tiempo y el espacio de toda una variada actividad cúltica, multiforme y sin restricciones. En esa sociedad han nacido los salmos. En ellos el abanico de múltiples voces se convierte en una melodía al unísono que acoge las profundas corrientes de varias generaciones. Lo salmos han sido por tanto sensibles a la evolución de las formas de pensar, de las formas sociales, del lenguaje... Esta versatilidad es la que hace posible que los salmos puedan seguir siendo utilizados hoy en un mundo radicalmente cambiado.

 

 

D. COLECCIONES DE SALMOS

 

1. Los cinco libros del Salterio

 En su presente edición el Salterio está dividido en cinco libros

Libro 1                    1 - 41

Libro 2                    42 - 72

Libro 3                    73 - 89

Libro 4                    90 - 106

Libro 5                    107 - 150 

Cada uno de los cinco libros acaba con una doxología final. Ésta pudo haber sido añadida por el recopilador, que es quien dio a los salmos su forma final. O quizás también cabe pensar que estas doxologías estaban ya presentes en las diferentes colecciones que fueron incorporadas por el último redactor.

Pueden verse las doxologías al final de los salmos 41,14; 72,18-20; 89,53; 106,48; 150. El salmo 150 es todo él una doxología, el acorde final del Salterio. Algunas de esas doxologías han sido ciertamente añadidas más tarde y no parecen encajar en la naturaleza del salmo en cuestión. Por ejemplo la doxología al final del salmo 41 no entona con la oración de un hombre enfermo y solitario. En cambio la cuarta doxología sí encaja perfectamente en el salmo 106, y no podemos simplemente considerarla una adición tardía para marcar el final del cuarto libro.

Según Briggs las doxologías aparecen ahora sólo al final de cada libro, pero se repetían después de cada salmo, de la misma manera que hacemos ahora con el Gloria al Padre al final del Oficio Romano.

La división en cinco libros es anterior a la Septuaginta, que contiene ya las doxologías. Con toda seguridad hubo también colecciones de salmos anteriores a nuestras cinco antologías de la edición canónica. El hecho de que haya un salmo repetido en el Salterio (14 y 53) sugiere que este salmo estaba presente en dos antologías anteriores y que no se recopilaron salmos sueltos, sino colecciones diversas en las que podría aparecer dos veces un mismo texto. El salmo 40,14-18 se repite en el salmo 70. El salmo 108 es una fusión de 57,8-12 y 60,7-14).

Es difícil encontrar una secuencia lógica en el orden actual de los salmos. Parecen estar ordenados puramente al azar, sin ningún principio lógico. La falta de orden interior y de estructura revela el desarrollo que ha tenido el Salterio a lo largo de los siglos. Es imposible rastrear en detalle cómo se ha elaborado la antología actual, por eso el resultado final nos parece tan desorganizado.

Al principio quizás las primeras colecciones estuvieron organizadas según el tema, como vemos que sucede en las Lamentaciones. Pero las trazas de este orden inicial han desaparecido casi completamente a medida que otras pequeñas colecciones se iban incorporando.

Kissane intentó analizar la estructura de tres primeras colecciones originales.

1.- Salterio Yavista (3-41): Aquí el nombre de YHWH se utiliza regularmente (352 veces contra sólo 15 para Elohim) El nombre de David está presente en todos los salmos menos en el 33.

2.- Salterio Elohista (42-83): El nombre de Elohim se usa cinco veces más que el de YHWH. El nombre de YHWH ha sido cambiado por un escriba. Otros en cambio piensan que la frecuencia de uno u otro nombre es arbitraria y no tiene ninguna razón aparente.

3.- Colección Yavista tardía (90-150): En ella se utiliza siempre el nombre de YHWH salvo en los salmos 108 y 144,9.

Siempre es posible encontrar dentro del Salterio pequeñas unidades que comparten un rasgo común. Así por ejemplo la sección de cantos de peregrinos o Salmos de las subidas (120-134), o los salmos del Aleluya o Hallel (113-118). Los salmos de la realeza de YHWH (91, 93, 96-99) forman una subcategoría, como ya hemos visto. Los salmos alfabéticos (9-10, 25,34, 37, 117, 119, 135) provienen quizás de una colección independiente. Los salmos 42-49 son todos ellos atribuidos a los hijos de Kore, que ejercían su ministerio en el Templo.

Vemos pues que la disposición del salterio en cinco libros marca el final de una larga evolución durante la cual el orden primitivo de las pequeñas colecciones anteriores ha quedado oscurecido por la adición de apéndices, separaciones y agrupamientos.

En cuanto a la fecha de la edición definitiva del Salterio es difícil pronunciarse. Depende de si algunos salmos tales como el 44,74, 79 y 83 son datados al principio del período Macabeo (1ª mitad del s.II). Los que niegan tal datación macabea piensan que el salterio pudo haberse cerrado ya en el s. IV a.C. En cualquier caso el Salterio estaba ya cerrado al final del siglo II. El libro I Macabeos, escrito alrededor del año 100 a.C., cita ya un salmo como Escritura (Sal 79,2). Esto indica que para aquella época el libro de los Salmos estaba ya canonizado y por tanto definitivamente cerrado. 

 

2. Cabeceras y anotaciones

 Las cabeceras de los salmos pertenecen a un período posterior en la historia del libro. No datan de los orígenes, sino de la época de las recopilaciones. Son semejantes a las notas sobre la composición y la manera de cantar que han sido añadidas por los recopiladores a los cancioneros litúrgicos de hoy. En la época de la Septuaginta ya se conocían, aunque los traductores no entendían lo que significaban. Hoy es muy difícil entender algunas de las rúbricas.

Todos los salmos han existido en la comunidad litúrgica sin rúbricas. Algunas de ellas reflejan posteriormente la naturaleza del poema: salmo, Canto de alabanza, Canto, Oración. La expresión “miktam” del Salmo 16 y 56-60 no está clara. Lutero la tradujo como “joya de oro”. Los Setenta la interpretan como “Poema a grabar en una estela”.

En el Hebreo original sólo el salmo 92 está señalado especialmente para un día de la semana, el sábado. En cambio en los Setenta muchos otros salmos están asignados a días especiales de la semana.

A menudo encontramos anotaciones musicales. La expresión más común es çöðîì, “lamenatseah”, traducida normalmente como “Al Maestro de coro”. Otras traducciones posibles son “Para el vencedor”, o “Para obtener perdón”. Las traducciones griega y latina dicen “Ad finem”. Este título aparece sobre todo en los salmos que tienen un autor determinado. Podemos pensar que el nombre designa al maestro de canto a quien pertenecía esta recopilación.

Frecuentemente encontramos indicaciones sobre los instrumentos a utilizar en cada salmo: de cuerda (4, 6, 54, 55...); de viento (5); el arpa  (8, 81, 84), el arpa de 8 cuerdas   (6, 12). 

Otra categoría de rúbricas aluden a los aires populares que se utilizaban para cantar el salmo. “No destruyas” úçùú-ìà (57-59), "la cierva de la aurora" øçùä-úìééà ìò (22), "la paloma de los terebintos lejanos":   íé÷åçø íìà úðåé ìò  (56), "los lirios"  íéðùåù ìò (45)...

La expresión que aparece a menudo al final de un verso “Sela” äìñ, muestra un intervalo en el que el coro podría cantar un estribillo. Quizá este estribillo era el comienzo del Gran Hallel o Salmo 136.

 

E. POESÍA HEBREA

 

1. El paralelismo bíblico

 

Las principales obras de las literaturas arias se han dado en el género épico y en el dramático. En cambio, según Driver, la epopeya no existe prácticamente en absoluto en la literatura hebrea. Y el drama está representado sólo de forma muy rudimentaria (Cantar de los Cantares y libro de Job).

El genio de los antiguos israelitas era sobre todo subjetivo. El poeta hebreo no se acomoda a expresar los pensamientos y emociones de otros como lo exigen tanto la epopeya como el drama. Él sólo intenta expresar sus propias emociones. Por ello la literatura hebraica tiene ante todo un carácter lírico y gnómico. En la poesía lírica el autor expresa sus emociones y experiencias, mientras que en la poesía gnómica comunica sus propias observaciones sobre la sociedad, la conducta y la persona.

Aunque casi toda la literatura hebrea que se nos ha conservado tiene un carácter religioso, en ocasiones encontramos ejemplos de poesía profana como el inventario de armas metálicas de Gn 4,23-29, o las dos elegías de David por la muerte de Saúl y de Abner (1 S 1,19-27; 1 S 3,33), u otros cantos para ser usados en banquetes y fiestas.

La poesía se distingue de la prosa por el tipo de pensamientos comunicados, pero sobre todo por el ritmo. La dinámica de la emoción en la poesía se ve continuamente frenada y controlada por esas interrupciones que llamamos versos.

La poesía occidental, casi sin excepción, tiene una medida definida, un número fijo de sílabas o pies. En la poesía occidental encontramos también la rima o asonancia al final del verso. En la antigua poesía hebrea había un cierto ritmo, pero no una medida en el sentido estricto de la palabra. Cada línea puede tener un número desigual de sílabas. La longitud de las líneas es poco más o menos la misma. No se da ningún tipo de rima al final de los versos. 

Estas líneas de longitud aproximada se agrupan normalmente de dos en dos para formar un verso. La segunda línea repite, refuerza o completa el pensamiento de la primera. Esta estructura se llama paralelismo. El verso hebreo no siempre incluye dos líneas. A veces una tercer línea puede introducir un elemento de irregularidad.

Hay tres tipos de paralelismo

  a) el paralelismo sinónimo: las dos líneas expresan exactamente la misma idea. Por ejemplo en el salmo 72: “Dios mío da tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes”.

  b) El paralelismo sintético: la segunda frase completa el sentido de la primera. En el salmo 103,2 encontramos “Bendice alma mía al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios.

  c) El paralelismo antitético: la segunda frase expone una contraposición que viene a reforzar el sentido de la primera. Un buen ejemplo sería el salmo 1,6: “El Señor conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal”.

Podríamos hablar de un cuarto tipo de paralelismo llamado climático, que aparece en pocas ocasione. En el salmo 29,1-2 se dice: “Dadle a Dios, hijos de Dios, dadle a Dios gloria y poder, dadle a Dios la gloria de su nombre”.

Con mucho la mayor parte de las estrofas de la poesía hebrea se componen de dísticos (conjunto de dos líneas). Pero vamos a dar ejemplos de otras posibilidades.

-monostiquios: "Guárdame, oh Dios, mi refugio está en ti” (Sal 16,1. Cf. 18,1; 23,1; 66:1).

-tristiquios:

Gócense todos aquellos a quienes amparas,

que se gocen siempre porque tú los proteges;

exulten en ti cuantos aman tu nombre" (Sal 5,10).

 

“Levantan los ríos, Señor,

levantan los ríos su voz,

los ríos levantan su fragor” (Sal 93,3).

-tetrastiquios; a y b son paralelos, y también c y d.

Pero el pensamiento no está completo hasta que las cuatro frases han sido pronunciadas.

  "Mientras que yo me decía: ‘En vano me he fatigado,

  para nada he gastado mis fuerzas';

  en realidad mi derecho subsistía junto a YHWH

  mi recompensa estaba junto a Dios” (Is 49,4) 

O bien a y c son paralelos por una parte y b y d por la otra:

  Más untuosa que la crema es su boca

  y su corazón hace la guerra

  sus discursos son más suaves que el aceite

  y en realidad son espadas desnudas (Sal 55,22).

Podemos encontrar también otras posibles combinaciones de estos cuatro elementos. Por ejemplo a b c paralelos, mientras que d es independiente, o bien a independiente y b c d paralelos

  

2. Ritmo y medida

Por término medio las líneas de la poesía hebrea se componen de 7 u 8 sílabas, pero no hay una regla fija. Pueden ser más o menos largas, según el capricho del poeta. Cuando la línea tiene más de 8 sílabas se divide en dos mediante una cesura.

No sólo el número de sílabas, sino también los acentos pueden variar de una línea a la otra. Eso depende de la naturaleza de cada frase. Podemos reconocer ritmos de 3 o 4 acentos. Podemos encontrar también ritmos muy desiguales 3+3, 4+3. Las lamentaciones tienen un ritmo particular de 3+2, como también en Amós 5,2ss. Pero todos estos detalles sólo se pueden apreciar en el texto hebreo original y es muy difícil que las traducciones reflejen estas características.  

 

 

3.  Salmo 29

 Como ejemplo de las técnicas literarias estudiadas haremos la exégesis del salmo 29, cuya forma es casi tan importante como su contenido. 

a.- ¿Salmo cananeo?

Se suele reconocer que el salmo 29 es la adaptación de un antiguo salmo cananeo del tipo que suele encontrarse en la literatura ugarítica. La semejanza con ellos es notable, incluso desde el punto de vista formal. “Los hijos de Elim” recuerdan los dioses menores tradicionales del panteón cananeo, bajo la forma más ortodoxa de ángeles o adoradores. La presencia de estos íéìà éðá  o hijos de Dios en la corte celeste es una forma desmitologizada de las asambleas de dioses que aparecen en los mitos babilonios y cananeos.

  Baal Hadad era el dios cananeo del tiempo, y las alabanzas sobre su poder sobre la lluvia y el viento se aplican aquí a YHWH, rey del cielo y la tierra. Los antiguos himnos ugaríticos describen a Baal como “el que truena sobre las nubes". Encontramos en el salmo la doble referencia al Sirión y al Líbano. Sirión es el nombre cananeo del Hermón, y quizás designa toda la cadena del Antilíbano de la que forma parte.

La expresión  ùã÷ øáãî, midbar qadesh, el desierto santo, que siempre ha sido difícil de interpretar, podría aludir al desierto sirio, tal como aparece en los textos ugaríticos. La aplicación del título de rey a YHWH refleja también un trasfondo cananeo.

 

b.- Teofanía de Dios en la tempestad

Un poema original dedicado a un dios de la naturaleza se ha reasumido como una alabanza al Dios israelita de la naturaleza y de la historia. Una tempestad es una ocasión magnífica para revelar la grandeza de Dios. Por encima de los elementos desencadenados, Dios se sienta imperturbable sobre su trono.

La referencia al diluvio nos hace ver que este Dios de la naturaleza es también el que históricamente salvó al pueblo del poder de las aguas. Después del diluvio Dios puso su arco en el cielo como garantía de protección contra los poderes de destrucción que pueden estar agazapados en el interior de la naturaleza. Los que ven en el desierto santo (qadesh) una referencia al desierto de Qadesh y no al de Siria, encuentran una secunda referencia a la alianza salvífica y los hechos históricos de la salvación..

 

c.- La Tormenta y sus truenos

En el salmo 29 hay una descripción del desarrollo de una tormenta real. La voz alejada del trueno anuncia la tempestad que en un momento va a alcanzar al poeta y a rodearle. Podemos seguir su curso a través de la geografía del norte de Israel, o el sur de siria. Viene del Mediterráneo, atraviesa las montañas del Líbano y Antilíbano, las montañas pobladas de tupidos bosques. La tormenta cubre este inmenso espacio en unos pocos versos, dando una impresión de celeridad y de vigor.

La mayor parte de los recursos poéticos empleados en la descripción de la tormenta vienen del campo del sonido. En medio del salmo encontramos siete truenos, que tienen múltiples ecos en palabras en las que predomina la vocal O. La palabra misma ìå÷ (qol = voz), corta y abrupta, es en sí una onomatopeya que recuerda el ruido del trueno. La vocal O predomina también en las palabras como æåÉò (oz) = fuerza, ãåáë (kabod) = gloria, åÉîù (shemo) = su nombre, çåÉë (koah) = poder...

Pero la tormenta física es un recurso para suscitar en nosotros la admiración, la fascinación y el miedo que son los sentimientos que reflejan la presencia de lo numinoso de Dios en nuestras vidas y nos llevan a adorar la gloria y el poder de Dios.

 

d.- Recursos estilísticos

El salmo está dividido en tres partes, siguiendo el esquema de todos los himnos. Hay un invitatorio a la alabanza divina, una parte principal en la que se desarrollan los motivos de la alabanza y una oración final. Mientras que en el invitatorio se nos llama a atribuir a Dios el poder, al final descubrimos que es al revés. Es Dios quien da poder a su pueblo.

Tanto al principio como al fin se nos invita a hacernos presentes, como en una composición de lugar ignaciana, el templo celeste que se concibe conforme a la imagen de un templo terreno, en el que los ángeles son los sacerdotes.

Continuamente encontramos un “paralelismo expansivo”. Dando marcha atrás volvemos a la palabra a la que llegamos en el primer impulso, pero esta vez con más carrerilla, de forma que el segundo salto nos lleve aún más lejos.

  A B C  -  B C D: verso 3

  A B C D  -  C B D E: versos 5 , 8

  A B C  - C A D E: verso 10.

El nombre de YHWH se repite cuatro veces seguidas, en el segundo lugar de cada línea del invitatorio. Se repite también en el primer lugar de cada línea de la estrofa final, y 10 veces a lo largo del cuerpo del salmo.

 

e.- Mensaje espiritual

El Salmo 29 transmite un mensaje de confianza en la protección de Dios todopoderoso, que controla las fuerzas de la naturaleza, y puede transformarlas en fuente de bendición para su pueblo.

El contraste entre la tempestad desencadenada y la estabilidad de Dios sobre su santo trono por encima de las aguas nos trae un mensaje de confianza. “Por encima de los nubarrones, el cielo está siempre azul”.

Sabemos que la finalidad de la tormenta no es destruir el mundo, sino traer la bendición de la lluvia. Por eso muchos piensan que este salmo se usaba para la liturgia de la Fiesta de los Tabernáculos, en la que se pedía el don de la lluvia. Dios es el Rey de los siete truenos. Como en la sexta sinfonía de Beethoven, después de la tormenta hay un movimiento final que refleja la paz que inunda la tierra como secuela de la lluvia.

Dios da sus bendiciones a los que alaban su gloria. Delitzsch fue el primero en caer en la cuenta de la relación entre gloria y paz (ãåáë íåìù), y el anuncio de los ‘ángeles en el campo de los pastores: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a su pueblo”.

Podemos también encontrar un segundo paralelo en este salmo con el relato evangélico de la tormenta sobre el lago. Jesús duerme en paz en la popa mientras que las aguas se desbordan, y finalmente bendice a su pueblo con la paz. “Y vino una gran calma” (Mt 28,3). 

 

 

F. EL TEXTO HEBREO Y LOS LXX

 

En su forma escrita las lenguas semíticas no están vocalizadas. La división, pronunciación y sentido exacto del texto original hebreo de los salmos se nos ha transmitido por tradición oral los primeros 500 años. Y cuando por fin se escribió, al principio, fue sólo con las consonantes. El texto vocalizado de nuestras Biblias hebreas de hoy es el texto masorético TM, obra de los rabinos llamados masoretas que hasta el siglo IX de nuestra era acabaron de fijar la pronunciación tradicional por medio de una complicada mezcla de signos, puntos y acentos: nequdot y ta’amim.

Los masoretas a menudo se equivocaron porque ya en su época el texto consonántico estaba corrompido o alterado, o porque les faltaba una comprensión del sentido del texto, o porque por razones teológicas quisieron censurar ciertos textos, vocalizándolo a su capricho para cambiar su significado.

Los últimos años los especialistas han conseguido corregir ciertos pasajes del texto recibido, restaurando el original. Raramente alteran las consonantes del textos, salvo en casos obvios, y su método es corregir la vocalización masorética por otra que tiene más sentido, o que corresponde mejor a las traducciones antiguas a otras lenguas.

Los Setenta es una antiquísima traducción al griego del texto hebreo tal como se conservaba en el siglo III a.C. No todas los cambios con respecto al TM actual pueden explicarse por razones de traducción. En muchos casos es evidente que el original hebreo utilizado por los traductores era ya diverso del actual TM.  Otras variantes pueden atribuirse a problemas de traducción. Aunque en general los Setenta hacen una traducción bastante literal, sin embargo, como ocurre con todas las traducciones, supone ya una primera interpretación o exégesis del AT. La Biblia griega fue adoptada por los primeros cristianos cuando comenzaron a evangelizar el mundo griego. 300 de las 350 citas del AT que se conservan en el Nuevo, siguen el texto de los LXX.

Desgraciadamente la calidad de los manuscritos hebreos originales utilizados por los LXX no puede tomarse como base para una exégesis moderna. Es indudable que el texto consonántico vocalizado por los masoretas era mucho mejor que el utilizado por los LXX en su tiempo. Esto es sobre todo verdad en el libro de los Salmos. Aquí en la mayoría de los casos preferimos el texto masorético a la traducción griega.

San Jerónimo preparó una primera traducción de los salmos al latín a partir del texto griego. Esta traducción recibió posteriormente el nombre de “Salterio galicano” y fue el texto oficial de la Iglesia latina hasta la reforma de Pío XII. Más tarde San Jerónimo hizo una segunda traducción de los Salmos al latín directamente desde el texto hebreo, llamada “Psalterium iuxta Hebraeos”, que forma parte de la Biblia Vulgata. Desgraciadamente esta traducción, mucho mejor que le primera, no consiguió suplantar a la otra, que para entonces había sido ya recibida en la Iglesia de Occidente.

Por eso el salterio galicano siguió usándose en la liturgia romana, y este texto, muchas veces incomprensible, ha sido una rémora de la Iglesia de Occidente, que no ha podido comprender y gustar las cualidades espirituales y literarias de su principal libro de oración. Las nuevas traducciones de los salmos a las lenguas modernas hacen su lectura mucho más agradable y fructífera para los lectores de hoy, de lo que fue la lectura de aquél latín críptico a los largo de casi dieciséis siglos.

  La numeración de los salmos no es exactamente igual en hebreo y en las traducciones griega (Septuaginta) y latina (Vulgata). Esto se debe a que el griego combina en un solo poema dos salmos distintos del texto masorético (9 Gr. = 9-10 MT; 113 Gr. = 114-115 MT), y divide en dos un salmo hebreo (114-115 Gr. = 116 MT; 146-147 Gr. = 147 MT ).

 

La siguiente tabla muestra la correspondencia entre ambas numeraciones

               Griego                                       Hebreo

                 1-8                                            1-8

                  9                                             9-10

              10-112                                       11-113

                113                                         114-115

             114-115                                         116

             116-145                                      117-146

             146-147                                         147

             148-150                                      148-150

 

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